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Adiós a Alfredito Rodríguez, el último mohicano de la elegancia cubana

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Por Ulysses Pereira (El Hombre Olvidado)

Toronto.- Ha muerto Alfredito Rodríguez. No era amigo mío, pero todos lo conocíamos. En mi juventud lo vi varias veces en el Copa Room del Riviera: elegante, sobrio, escénicamente perfecto… Creo que le decían «el Julio Iglesias cubano».

Años más tarde, en un desfile de modas de la embajada de Italia en La Habana, trabajé con él: muy decente y comprensivo, profesional en grado sumo, atento y receptivo.

Pienso que es uno de los últimos mohicanos, los que representaban el arte con decencia y con decoro, sin traicionar la esencia cubana. Perteneció a la época en la que los cubanos, a pesar de las carencias y de la bota represiva, tenían un espectro de artistas enorme en todas las disciplinas. La radio y la televisión desgranaban diariamente la voz y las actuaciones de músicos y cantantes, actores dramáticos y humorísticos que aún nos hacen volver a esas épocas cuando vemos los videos, afortunadamente conservados —por nadie sabe quién.

Esas épocas donde primaban la elegancia en las letras, la música, las imágenes del amor, la alegría y la pérdida. Incluso en la picaresca criolla del Guayabero jamás hubo una palabra altisonante o desagradable. Alfredito pertenecía a esta clase de artistas cubanos que, ya desgraciadamente, se están yendo por ley de vida.

¿Quiénes los sustituyen? La tribu de monos tatuados con producciones asquerosas y altisonantes que la biomasa arribante y la biomasa remanente aplaude y vitorea sin sonrojo.

Digamos adiós a Alfredito Rodríguez al mismo tiempo que decimos adiós a nuestro extraordinario pasado artístico de elegancia y buen gusto.

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