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Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- Veinte hombres de la Fuerza Delta, una unidad de élite de Estados Unidos, entran a Venezuela. No veinte mil, no una brigada aerotransportada, veinte. Según el relato épico del régimen, debían enfrentarse a un ejército regular “invencible” y a 8 millones de milicianos armados, esos mismos que Nicolás Maduro y Diosdado Cabello exhibían con fusiles oxidados y camisetas rojas en los desfiles.
El resultado es digno de una comedia negra. Maduro y su esposa, Cilia Flores, son extraídos como si se tratara de un paquete de Amazon, sin baja para el comando y sin que aparezca, ni por error, uno de esos millones de defensores juramentados.
Entonces, cabe preguntarse con toda seriedad sarcástica posible: ¿qué pasó con los 8 millones?
¿Se quedaron sin batería? ¿Estaban haciendo cola para el pan? ¿O estaban esperando una orden Cabello que nunca llegó porque se quedó dormido en el Búnker y nadie sabía quién mandaba a quién?
¿Fue superioridad tecnológica? Probablemente.
¿Preparación militar real frente a una fuerza inflada por PowerPoints y consignas? Sin duda.
¿Táctica impecable contra un sistema corroído por la corrupción, malversación y mal manejo de los recursos de un país, paranoia y generales de escritorio? Absolutamente.
Pero tal vez la explicación más sencilla sea esta: Los regímenes autoritarios confunden ruido con fuerza, propaganda con capacidad y lealtad comprada con disciplina real. Creen que repetir una mentira millones de veces la convierte en un ejército, eso no funciona cuando llega la hora de la verdad, para lo único que sirve es para amedrentar al pueblo.
Al final, la operación no desnudó a la Fuerza Delta, esa ya se conocía, desnudó al régimen. Quedó claro que los “millones armados” solo existen en los discursos, que la defensa de la patria termina donde empieza el miedo, y que cuando llega el momento real, la dictadura se defiende mejor en cadenas nacionales que en el terreno.
Y así, veinte hombres hicieron lo que ocho millones jamás aparecieron para impedir. Se confirma que el poder del régimen era puro cartón pintado.