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El 2025 definido con solo media palabra

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Por Reynaldo Medina Hernández

La Habana.- «El peor año» fue el título de mi publicación del 30 de diciembre de 2024, en la cual expliqué el porqué de tal afirmación, analizando lo terrible que fueron esos 12 meses para los cubanos. Exactamente 6 meses después, el 30 de junio de 2025, con el título de «Y decíamos que fue malo», expresé que con solo la mitad de su tiempo transcurrido, ya este año era peor que el anterior. Lamentablemente, la otra mitad que ya concluye reafirmó mi teoría.

Ni siquiera voy a perder el tiempo, como en fines de años anteriores, en hacer el inventario de calamidades. ¿Para qué recordarles los apagones interminables, los colapsos del SEN, el ciclón Melissa, la selvavirosis, las aguas albañales, las montañas de basura, el desabastecimiento? Ya ni vale la pena, como otras veces, hacer el balance de lo que distribuyeron por la libreta de racionamiento, baste apuntar (nunca mejor dicho), 4 onzas de café, 2 litros de aceite, 1 lb de pollo, ¡ni un solo huevo!, ¡ni un grano de arroz desde julio!

A pesar de todo eso, espero que hayan pasado una Nochebuena y una Navidad lo mejor posibles; que no estén enfermos o, al menos, estén ya recuperados o recuperándose. Contra toda lógica y desafiando todos los pronósticos, les deseo un feliz 2026. Incluso, corriendo el riesgo de que me tilden definitivamente de loco, me atrevo a pedirles que no pierdan las esperanzas de que las cosas mejoren algún día.

Casi en vísperas de Navidad, invoqué al comediante cubano Guillermo Álvarez Guedes y les recomendé (y les recomiendo), el estribillo de una de sus canciones, para que lo canten los venideros 31 de diciembre y 1ro. de enero.

No fue la primera vez, ya les dije que soy un gran admirador suyo. En la mencionada publicación de junio, para definir en breves palabras al año 2024 utilicé también el estribillo de otra de sus canciones: «Ñooo, qué añito caballero, ñooo, qué añito».

Hoy, si me piden que defina el 2025 en una frase corta, diría que no necesito utilizar una frase, pues me basta con una palabra, es más, lo resuelvo con solo la mitad de una palabra; esa sílaba (recién citada en líneas anteriores), que es de todos los cubanos desde tiempos inmemoriales, pero que don Guillermo elevó al rango de arte, convirtiéndola en su grito de guerra, su carta de presentación, la que no se podía negar a repetir cuando su público se la reclamaba, y no solo en el escenario, en cualquier lugar, una calle, un restaurante, incluso un hospital.

Entonces, con su permiso, si ahora mismo me dicen: «Define el 2025 de la forma más breve posible», grito, sin pensarlo: «¡ÑOOO!».

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