
La Habana: el ruido que la ley no calla
Por Marianela Martín ()
La Habana.- La capital cubana ya no solo es una ciudad rodeada de basura; es también un campo de batalla acústico que nos está dejando sordos.
El oído no solo escucha: controla el equilibrio del cuerpo. No es casualidad que aumenten los mareos, las náuseas, esa sensación de desorientación que algunos atribuyen al calor o al estrés sin reparar en el enemigo invisible que nos golpea desde las aceras.
El ruido mantenido, incluso en niveles que parecen moderados —a partir de los 60 decibeles—, ya constituye un peligro real para el organismo. Altera el corazón, sube la presión, trastorna el sueño y la digestión, provoca ansiedad y depresión. Por no hablar de quienes, expuestos a más de 70 decibeles sostenidos, ven dañado su oído interno y su sistema vestibular.
Cuba tiene regulaciones claras: la Ley 150/2022, el Decreto-Ley 200/1999, la Norma Cubana NC 26:2012, que fija límites de 55 decibeles en zonas residenciales de día y 45 de noche.
Al mismo tiempo, la Constitución reconoce el derecho a un medio ambiente sano. Pero seguimos viviendo en el salvajismo. En el país donde casi todo está legislado, pero casi nada funciona.



















