Romasanta: el viajante que se inventó una maldición

Comparte esta noticia

Por Rafa Junco ()

Madrid.- En los caminos de la Galicia decimonónica, un vendedor ambulante ofrecía a las familias pobres la oportunidad de dejar atrás el hambre y la miseria. Manuel Blanco Romasanta conocía los bosques como la palma de su mano, y eso no era buena señal. Porque aquellos que aceptaban su ayuda, terminaban desapareciendo sin dejar rastro, como tragados por la tierra. Pero la tierra, a veces, devuelve lo que le dan.

Las desapariciones se acumularon durante años. Los familiares recibían cartas de sus seres queridos diciendo que estaban bien, que habían encontrado trabajo en otra ciudad. Pero las cartas, según la investigación, las escribía el propio Romasanta. Era un cartero de la muerte, un mensajero del silencio que sabía que la mejor manera de ocultar un crimen era hacer creer que la víctima seguía viva. Y los rumores de que vendía grasa humana no ayudaban a su reputación, aunque luego se demostrara que eran más cuento que verdad.

La reina lo salvó

En 1852, la suerte se le acabó. Fue detenido en Toledo y, al ser interrogado, confesó trece asesinatos. Pero su confesión tenía un problema: no era una confesión normal. Romasanta dijo que estaba maldito, que se convertía en lobo y que, bajo esa forma, atacaba a sus víctimas. Los médicos de la época, que no eran tontos, dictaminaron que estaba en sus cabales. No estaba loco, solo era un asesino con una imaginación demasiado fértil.

El tribunal de Allariz lo condenó a muerte por garrote. Pero entonces apareció un hipnólogo francés que aseguró que Romasanta sufría de licantropía mental. La reina Isabel II, quizás impresionada por el espectáculo, le conmutó la pena por cadena perpetua. El hombre lobo no fue ejecutado, sino encerrado de por vida. Una suerte que no tuvieron sus víctimas.

Romasanta murió en 1863 en la prisión de Ceuta, devorado por un cáncer de estómago. No por una maldición, sino por la enfermedad más terrenal. Hoy, 170 años después, la pregunta sigue en el aire: ¿fue realmente un enfermo mental o un asesino que supo aprovecharse de las supersticiones de su tiempo? La respuesta, como las víctimas de Romasanta, sigue desaparecida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy