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𝗖𝘂𝗻̃𝗼

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Por Ulises toirac ()

La Habana.- Quienes hacen trámites y gestiones saben el valor de un cuño en Cuba. Hay gente que ha dado la vida por un cuño. Porque les dijeron al final de una larga y complicada cadena de acciones que «hace falta el cuño del ministerio para este caso». Pun… Y pasó a los familiares el tema de los cuños pa la cosa necrológica.

Porque lo que mueve el mundo no es la rueda, sino el cuño; sin embargo, el invento de la rueda goza de la fama de ser uno de los pasos más importantes de la civilización.

Así es la vida. A pesar de ser menospreciado, el cuño, silencioso, nos demuestra día a día su superioridad para hacer que la cosa camine. Apárecete con una rueda en una gestión de vivienda en la que te falte un cuño, pa que tú veas.

Tengo un amigo italiano, de nombre Alberto, que hace algunos años logró hacer una empresa en Cuba. Es un tipo chévere, despierto, jodedor. De los que no se detienen aunque mil escollos dificulten su propósito. Un bulldozer el hombre.

Y en el ínterin de sus trámites, llegó al momento de la legalización de su empresa.

Declaraciones, convenios, asentamientos… Empezaron a chocar una y otra vez con algo para lo que no bastaba su firma o su presencia. Hacía falta el cuño con el que los papeles de su emprendimiento dirían al mundo que era un negocio en toda ley. No era cuestión de que los documentos fueran de su puño y letra, sino de que sus letras tuvieran cuño.

Hay una empresa que los hace. Tiene todos los cuños necesarios para esa función, por supuesto. Y si le ha faltado alguno, lo han hecho.

Mi amigo fue pallá con el diseño de su cuño y preparado para pagar.

—Eso no es así, compañero —le dijo la funcionaria que lo atendió, y mi amigo Alberto pensó: «Ni que me llames compañero tampoco», pero sonrió.

—Ma, e que sucede?

—Tiene que hacer una solicitud por escrito para la confección de su cuño.

—¡Ah! —dijo Alberto y se sentó en una mesa dispuesto a escribir.

—No, no, no… Espere un momento. No es así, compañero —ella persistía en el equivocado tratamiento—. Déjeme su correo electrónico y yo le enviaré hoy mismo la preforma de solicitud que usted llenará con los datos de su empresa y me lo trae.

La lógica burocrática es siempre inapelable. Por muy ilógica que sea. Es parte del proceso que instituyen los burócratas para hacerse imprescindibles en la sociedad.Instinto de conservación se llama.

Así que Alberto dejó su dirección de correo, fue a la oficina de un correligionario que estaba ubicada relativamente cerca, llenó la «preforma de solicitud», la imprimió. Raudo y veloz, en menos de una hora, estaba de regreso en la empresa de cuños.

—Usted es el compañero italiano de la empresa nueva —dijo la funcionaria amablemente… y ya parecía que lo de «compañero» era pa joder—. ¿Trae la solicitud debidamente rellena?

—Originale e due copie —sonrió Alberto.

—Eso está muy bien, compañero. Deje revisar.

Se zambulló en aquella hoja escrita y a medida que iba corroborando datos, se iba dibujando una sonrisa de satisfacción en su cara. Hasta que llegó al final. El rostro se le trancó y miró ceñuda a Alberto por encima de sus espejuelos. Entonces hizo la pregunta de los sesenta y cuatro mil que puso de pie a todo el estadio:

—¿Y el cuño de esto?

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