Instala El Vigía de Cuba y accede a las noticias al instante.

Mantente informado en todo momento, sin perder ninguna noticia importante.

📱 Cómo instalar:

👉 Android:
Pulsa los 3 puntos (⋮) arriba a la derecha y selecciona "Añadir a pantalla de inicio"

👉 iPhone:
Pulsa el botón compartir 🔗 y luego "Añadir a pantalla de inicio"

Enter your email address below and subscribe to our newsletter

El rey que gobernó un imperio desgarrado: Vologases III y la resistencia parta

Comparte esta noticia

Por Rafa Junco ()

Madrid.- Durante más de tres décadas, Vologases III sostuvo sobre sus hombros un imperio que se le desmoronaba entre los dedos. Su reinado, iniciado en el año 110 de nuestra era, no fue una sucesión de triunfos militares ni de fastuosas construcciones, sino una lucha incesante por mantener la corona puesta sobre una cabeza que los pretendientes al trono querían rodar por el suelo.

Partia, aquel vasto territorio que se extendía desde el Éufrates hasta el Indo, se había convertido en un tablero donde las lealtades cambiaban con cada estación y donde la palabra «reino» era, en el mejor de los casos, una aspiración. Vologases III no gobernó un imperio unificado; gobernó una suma de facciones hostiles que solo se unían para disputarle el poder.

Mientras los sátrapas locales le negaban obediencia y otros aspirantes al trono controlaban regiones enteras, el monarca parto tuvo que enfrentar además una amenaza externa que llegaba desde las estepas del Cáucaso. Los alanos, esa confederación de tribus guerreras que aterraba a las civilizaciones sedentarias, irrumpió en las provincias orientales con una ferocidad que dejó tras de sí ciudades incendiadas y ejércitos diezmados.

Sin embargo, a diferencia de otros soberanos que habrían sucumbido bajo el peso de una guerra civil y una invasión simultáneas, Vologases III demostró una tenacidad asombrosa. No venció con grandes batallas, sino con una resistencia que desgastó a sus enemigos tanto como ellos lo desgastaron a él.

El arte del equilibrio

El arte de Vologases III no fue la conquista, sino el equilibrio. Supo negociar con la nobleza local cuando la fuerza resultaba insuficiente, y apelar a las armas cuando las palabras no bastaban. Comprendió que en un imperio tan descentralizado como el parto, el poder no se ejercía mediante decretos desde una capital lejana, sino mediante alianzas y concesiones hábilmente calculadas.

Su capacidad para mantenerse en el trono mientras otros imperios —como el romano, que observaba desde Occidente— habrían colapsado bajo el mismo peso, es el testimonio de un gobernante que entendió que, a veces, sobrevivir es la mayor de las victorias.

Cuando Vologases III murió, ya entrada la década del 140, lo hizo como rey. No fue asesinado por un usurpador, no fue ejecutado por sus propios generales, no cayó en el campo de batalla. Falleció en su lecho, lo que en la convulsa historia de Partia era casi un milagro. Su longevidad política, en un entorno donde la traición era la norma y la estabilidad una excepción, lo convierte en una figura singular del Cercano Oriente antiguo. No fue el monarca más brillante ni el más recordado, pero fue, sin duda, uno de los más resistentes.

La historia de Vologases III es una lección de que el liderazgo no siempre consiste en conquistar nuevos territorios ni en inscribir tu nombre en monumentos. A veces, gobernar es simplemente no caer. Es mantenerse erguido mientras el mundo se derrumba a tu alrededor, es saber que la corona se sostiene no con la fuerza bruta, sino con la perseverancia de quien se niega a soltarla. ¿Cómo se lidera cuando nadie parece estar de tu lado y los enemigos te acechan por todos los flancos? La respuesta de Vologases III fue clara: un día a la vez, una batalla a la vez, una alianza a la vez. Hasta que el tiempo, al fin, se puso de su parte.

Deja un comentario

Lo más consultado hoy