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Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- Delcy Rodríguez acaba de decir algo inusual en el lenguaje del eje “antiimperialista”: reconoce la existencia histórica del antagonismo entre Monroe y Bolívar, pero propone enfrentarlo por la vía de la diplomacia. No niega el conflicto; lo desdramatiza. No grita; razona. Y no convierte la Doctrina Monroe en un demonio metafísico, sino en un hecho histórico con el que hay que lidiar en el mundo real.
Miguel Díaz-Canel, en cambio, la invoca como consigna: “¡Este no es su patio trasero! ¡No aceptamos ni reconocemos la Doctrina Monroe!”
Un grito ritual, diseñado para movilizar masas, no para resolver nada.
Ver vídeo: (https://www.facebook.com/reel/1608919693455073)
Cuba paralizó al país, obligó a miles a marchar, explotó políticamente la muerte de 32 cubanos en Venezuela y gastó recursos que no tiene, en nombre de esa épica. Y, sin embargo, desde Caracas, la propia heredera del chavismo habla de diálogo con Estados Unidos, de diplomacia, de encarar diferencias sin miedo.
Ahí está la paradoja brutal: Cuba moviliza a un pueblo empobrecido contra un fantasma ideológico, mientras Venezuela negocia con el “enemigo histórico”.
Entonces la pregunta no es retórica: Después de tanto sacrificio, tanta propaganda, tanta muerte instrumentalizada…
¿Valió la pena? ¿Qué dirán ahora aquellos que, durante el sepelio de los militares cubanos, conmovidos hasta las lágrimas, se ofrecieron a ir a luchar a Venezuela?
El pueblo cubano ha sido manipulado muchas veces, pero rara vez una manipulación ha quedado al desnudo con tanta rapidez como esta. En cuestión de días, la épica se desinfló, el enemigo se volvió interlocutor y el sacrificio quedó suspendido en el aire, sin causa ni destino. Porque mientras unos gritan contra Monroe, otros ya están hablando con él.