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Por Jorge de Mello ()
La Habana.- Esta ha sido una semana de cacerolazos y protestas contra la crisis permanente y la parálisis política. La población desesperada de varios barrios de La Habana, y de otros puntos del país, ha salido a las calles cada noche a exigir electricidad, agua, comida y a gritar: ¡Libertad! ¡Patria y vida!
Amanecimos ayer con la noticia del estallido popular ocurrido anoche en Morón, que culminó con la toma y el intento de quemar la sede del PCC municipal por un grupo de jóvenes enardecidos que enarbolaban la bandera cubana.
Al ver los videos de los manifestantes portando la tea incendiaria no pude evitar que mi pensamiento volara hacia lo sucedido aquel 12 de enero de 1869 en Bayamo.
Durante casi 7 décadas le han impedido a la sociedad cubana que se organice mediante instituciones civiles -sindicatos, partidos, asambleas, prensa independiente, etc.- que les permitan expresarse, participar en la toma de decisiones, exigir libremente y exponer sus anhelos amparados por la ley.
Pues ahora, debido a la suspensión permanente de los derechos fundamentales, estamos frente a la manifestación del cansancio y la rabia popular expresados mediante la unica vía que le han dejado a este pueblo: rebeldía espontánea, desobediencia civil.