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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- Si antes de la caída de Maduro Cuba estaba atravesando una crisis económica en la que escapó una parte de la población, ¿se imaginan ahora sin el subsidio venezolano? Las crisis en Cuba no dan abasto, hay más problemas que gentes.

Para nadie es un secreto que Venezuela era la canasta de huevos del régimen de la Habana, una vez caída la canasta, se quedó sin huevos, Ahora, los cubanos observan preocupados las incidencias en Venezuela, entre sus cercanos socios ideológicos, cuyos embarques de crudo estarían comprometidos tras la captura de barcos tanqueros por parte de Estados Unidos y la salida del poder de Nicolás Maduro.

Basado en servicios de rastreo por satélite, Cuba recibía hasta hace poco unos 35.000 barriles diarios de Venezuela y 5.500 barriles diarios de México y aproximadamente 7.500 barriles diarios de Rusia. Con estas cifras apenas podía alumbrarse con velas, ¿se imaginan que les falte esos 35.000 barriles?

Cuba cerró 2024 con 9,7 millones de habitantes y en diciembre de 2025 funcionarios dijeron que había en la isla 9,6 millones. Cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas indicaron que entre 2020 y 2024 la nación experimentó un descenso de 1,4 millones de personas.

Para los expertos el factor clave es la emigración. Sin embargo, ahora la crisis no les va a dar la posibilidad de escapar como antes, porque la administración de Donald Trump tiene una guerra abierta en contra de la emigración ilegal, de manera que, la explosión social en la Isla es inevitable, porque ya no tienen la válvula de escape, ya no les queda mas que explotar la olla,

Al borde del estallido

Entre 2020 y 2025, Cuba experimentó un descenso de su población oficial, que muchos analistas atribuyen principalmente a la emigración masiva impulsada por la crisis económica crónica. Antes, cuando la economía colapsaba, muchos cubanos veían en la emigración una válvula de escape: marcharse de la isla era una forma de sobrevivir y buscar oportunidades donde se pudiera.

Ahora, sin embargo, esa salida ya no está garantizada como antes: la administración de Estados Unidos y otros países han endurecido las políticas migratorias contra salidas ilegales y han restringido programas que antes facilitaban la entrada de migrantes cubanos.

El resultado es que millones de personas que antes veían una opción de escapar ahora no tienen por dónde salir, aunque la situación empeore. Esta combinación de factores genera un cóctel explosivo: una población desesperada, con menos energía, menos oportunidades y menos rutas para marcharse.

El régimen cubano ha administrado la crisis hasta ahora con una combinación de represión, control de precios, subsidios internos y ajustes a medias. Pero cuando la esperanza se agota, y cuando la población ya no ve futuro ni la posibilidad de emigrar, el descontento puede pasar rápidamente de murmuración a protesta, y de protesta a explosión social.

El pueblo cubano ya no tiene la válvula de escape de antes; la olla está al límite.

Tenemos una población exhausta, una economía sin gasolina barata, un sistema eléctrico al borde del colapso y pocas alternativas reales al modelo actual. La pregunta ya no es si habrá un estallido, es cuándo.

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