Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Comparte esta noticia

Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- La política de Estados Unidos hacia Cuba vuelve a colocarse en el centro del debate internacional, marcada por un discurso que combina presión ideológica, cautela estratégica y una fuerte dosis de ambigüedad. Desde Washington se insiste en que el objetivo no es provocar un colapso humanitario o energético en la Isla, sino forzar un cambio estructural: el abandono del sistema comunista y la transición hacia un modelo de mercado, libertades políticas y prosperidad económica.

Así lo expresó recientemente el secretario de Estado Marco Rubio, quien dejó claro que la administración estadounidense no persigue “asfixiar” a Cuba dejándola sin petróleo, sino empujar al régimen de La Habana a renunciar a un sistema que considera agotado y represivo. En su discurso, Rubio reiteró una idea ya conocida en la política exterior estadounidense: el problema de Cuba no es externo, sino interno, y su raíz está en el modelo político y económico impuesto por el Partido Comunista.

En esa misma línea, la Casa Blanca ha confirmado que no intervendrá en las entregas de petróleo que México realiza a Cuba. Según informó la cadena CBS, el Gobierno de Estados Unidos permitirá que México continúe suministrando crudo a la Isla, pese a las amenazas previas del presidente Donald Trump de dejar a La Habana sin ese recurso vital.

De acuerdo con declaraciones del secretario de Energía, Chris Wright, en una entrevista con CBS, Washington ha optado por no bloquear esas operaciones, lo que refuerza la tesis de que no se busca un colapso inmediato, sino mantener la presión política y diplomática.

Sin embargo, mientras el discurso oficial habla de prudencia y de una transición ordenada, en las redes sociales ha comenzado a circular una información aún no confirmada que apunta a un endurecimiento drástico de las medidas contra el régimen cubano. Según estas versiones, Estados Unidos tendría sobre la mesa un paquete de sanciones que podría entrar en vigor el próximo 30 de enero y que golpearía directamente a la estructura económica y política de la dictadura.

Los cubanos inquietos y expectantes

Entre las supuestas medidas mencionadas se encuentran: la prohibición total de los viajes comerciales a la Isla, la reducción o eliminación del envío de remesas, el cierre o eliminación de los negocios vinculados al castrismo en territorio estadounidense, la restricción del reingreso a Estados Unidos de refugiados políticos que viajen a Cuba, y la repatriación de ciudadanos cubanos que hayan tenido vínculos con el Partido Comunista o con la estructura represiva del régimen.

Estas informaciones, aunque no verificadas oficialmente, han generado inquietud tanto en la comunidad cubana en el exilio como dentro de la propia Isla.

El contraste entre lo confirmado y lo rumorológico revela una constante en la relación entre Washington y La Habana: la política hacia Cuba se mueve entre declaraciones públicas, gestos calculados y filtraciones interesadas. Permitir el suministro de petróleo desde México sugiere que Estados Unidos no quiere cargar con el costo político y moral de una crisis humanitaria directa. Pero al mismo tiempo, la retórica sobre el abandono del comunismo y las posibles sanciones futuras indican que la presión seguirá aumentando.

En definitiva, Estados Unidos parece apostar por una estrategia de desgaste político más que por un colapso abrupto. La pregunta de fondo sigue siendo la misma desde hace décadas: ¿logrará la presión externa provocar el cambio que el régimen se ha negado a realizar, o volverá a ser el pueblo cubano quien pague el precio más alto de este pulso geopolítico?

Los cubanos aguantan mas que una cucaracha en un estallido nuclear, están acostumbrado a su miseria, por eso creo, desde mi muy humilde punto de vista que, en Cuba lo que hace falta es un final espantoso, en lugar de un espanto sin final.

Deja un comentario