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Un congreso postergado y la semipresencialidad impuesta con la UH en el ojo del huracán

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Redacción Nacional

La Universidad de La Habana, faro histórico de la educación y el pensamiento en Cuba, ha emitido una nota informativa que confirma el profundo impacto de la crisis energética nacional en su funcionamiento vital. Tras el anuncio gubernamental sobre la intensificación de las dificultades para importar combustible, consecuencia de las medidas estadounidenses según la narrativa oficial, la máxima casa de estudios se ve obligada a tomar medidas drásticas. La más simbólica es la postergación del Congreso Universidad 2026, un evento que pretendía ser escenario de debate académico y proyección futura, ahora relegado por la urgencia de la escasez inmediata.

Las orientaciones detalladas por la institución delinean un escenario de retraimiento forzoso. La transformación de todos los escenarios educativos a modalidad semipresencial por 30 días, extensiva a todas las carreras y programas técnicos, no es una innovación pedagógica planificada, sino una respuesta de emergencia. Esta medida, que busca preservar el curso del año académico, evidencia cómo la asfixia energética penetra hasta el núcleo de la formación profesional, arriesgando la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje y profundizando la brecha digital en un país con acceso a internet aún limitado y desigual.

Este panorama universitario no es un hecho aislado, sino el reflejo fiel de la situación descrita por el presidente Miguel Díaz-Canel en su mensaje a la nación el 5 de febrero de 2026. Su discurso, centrado en el llamado a la «resistencia creativa» y a priorizar lo esencial frente al «recrudecimiento del bloqueo», encuentra aquí una concreción palpable. La universidad se pliega a la lógica de la contingencia: ajustar programas, concentrar la presencialidad solo donde sea «imprescindible» y organizar guardias para proteger sus instalaciones son acciones que encarnan el concepto de operar en «modo de defensa» que planteó el mandatario.

Una muestra de la crisis nacional

Sin embargo, mientras las autoridades enfatizan el origen externo de la crisis, la comunidad universitaria y la sociedad perciben la confluencia de factores. La orden de «analizar en cada colectivo cómo ajustar cada programa» y «diseñar actividades para ejecutar en domicilios» traslada, una vez más, la carga de la solución a los individuos –profesores y estudiantes–, en un contexto donde los recursos domésticos también son extremadamente limitados. La atención diferenciada a los becarios, varados en la capital sin combustible para retornar a sus provincias, es un drama humano que ilustra la parálisis que genera la crisis logística.

La medida de utilizar la plataforma virtual EVEA, aunque positiva en sí misma, choca con la realidad de una infraestructura tecnológica aún precaria para soportar una migración masiva y súbita de toda la educación superior. Este giro forzoso hacia lo digital, sin los cimientos adecuados, amenaza con excluir a quienes no tienen conectividad o dispositivos confiables, exacerbando las desigualdades dentro del propio sistema educativo que se pretende salvaguardar.

En definitiva, la nota de la Universidad de La Habana es más que un conjunto de instrucciones administrativas; es un documento síntoma. Plasma la materialización de una crisis nacional en el ámbito del conocimiento y el futuro. Mientras el gobierno de Díaz-Canel apela a la unidad y la inventiva frente a lo que presenta como un cerco externo, la academia cubana se repliega, adapta y sobrevive. El verdadero «Congreso» ahora es el día a día de mantener viva la docencia, en un país donde la lucha por la luz en las aulas se ha vuelto, una vez más, literal.

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