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La expectativa de una transición en Cuba agita las disputas por el liderazgo en el exilio

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La expectativa de una transición en Cuba ha intensificado las disputas internas por el liderazgo dentro de la diáspora cubana, especialmente en Miami. Figuras prominentes del exilio se postulan para dar forma a lo que consideran un nuevo ciclo para la isla, impulsadas por eventos recientes como la captura de Nicolás Maduro y las declaraciones de Donald Trump sobre la inminente caída del régimen cubano.

Esta coyuntura ha reavivado la pregunta sobre quién podría liderar una Cuba poscastrista. Opositores, empresarios e influencers se perfilan como posibles arquitectos de una transición, mientras la incertidumbre sobre la influencia de Estados Unidos en este futuro liderazgo planea sobre la isla, sumida en su peor crisis reciente y sin elecciones libres en 70 años.

El legado de generaciones anteriores

A lo largo de las décadas, el exilio cubano ha forjado referentes políticos para la aspiración de una Cuba libre. Desde figuras históricas como Huber Matos y Manuel Artime, hasta políticos como Lincoln Díaz-Balart y activistas como Jorge Mas Canosa de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), se han organizado esfuerzos por la democracia.

Actualmente, una nueva generación de líderes con diversos perfiles emerge. Sin embargo, el expresidente Trump ha sugerido nombres como el del secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, para liderar la isla. Paralelamente, se han mencionado nombres vinculados a la familia Castro, como Guillermo Rodríguez Castro y el ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, en el contexto de negociaciones. Estos contactos han generado incomodidad entre los exiliados, quienes rechazaron públicamente cualquier diálogo con el régimen en un mitin reciente en Hialeah.

Planes de transición desde el exilio

Orlando Gutiérrez-Boronat, líder de la Asamblea de la Resistencia Cubana, una coalición de más de 50 grupos opositores en Miami, se muestra convencido de que un cambio real en Cuba está cerca. Según él, los opositores han desarrollado programas de transición detallados durante décadas. Recientemente, la Asamblea se unió a Pasos de Cambio, una coalición lanzada en 2019 por Rosa María Payá, hija del histórico opositor Oswaldo Payá, para suscribir un Acuerdo de Liberación.

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Este acuerdo contempla un cambio de gobierno, un consejo provisional de 51 miembros que actuaría como Parlamento y un Ejecutivo compuesto por un presidente y dos vicepresidentes. La mayoría de los miembros del consejo provendrían de «gente que está dentro de Cuba», siempre y cuando no tengan «manos manchadas de sangre» y hayan contribuido a la liberación de la isla. El consejo gobernaría por dos años, sin posibilidad de reelección, como muestra de compromiso democrático.

Gutiérrez-Boronat destaca el papel del exilio en la política estadounidense hacia Cuba, particularmente la Ley Helms-Burton, que condiciona el levantamiento del embargo a un cambio político. La FNCA, fundada por Jorge Mas Canosa, fue un motor clave de esta legislación. Su hijo, Jorge Mas Santos, actual director de la fundación, ha expresado recientemente su interés en contribuir a la reconstrucción de Cuba, manifestando que su familia está «al servicio de una Cuba libre» y que Trump le ha indicado un cambio inminente.

Críticas y voces internas

El protagonismo del exilio también ha sido objeto de críticas. Ricardo Herrero, del Cuba Study Group, señala que en Miami abundan quienes aspiran a la presidencia cubana y advierte que el tema de Cuba se ha utilizado para intereses personales. Herrero insiste en que el cambio y los próximos líderes deben surgir desde dentro de la isla para evitar una desconexión con el ciudadano común.

Las líneas entre el exilio y la oposición interna a menudo se difuminan. Oswaldo Payá, fundador del Movimiento Cristiano de Liberación, impulsó el cambio desde Cuba. Su hija, Rosa María Payá, desde el exilio, ha continuado su legado con iniciativas como Cuba Decide y Pasos de Cambio, abogando por un liderazgo «cubano y apoyado por la comunidad internacional». Ella considera que el pueblo cubano es uno solo y que quienes viven en el exilio tienen la responsabilidad de participar en la transición.

El influencer Alexander Otaola, con una gran audiencia en Cuba y Florida, considera que Rosa María Payá y Orlando Gutiérrez-Boronat son líderes capacitados para una transición. Aunque Otaola no aspira a un cargo público, busca contribuir a la «nueva nación cubana libre». Critica la desconexión de los cubanos con la política y señala que la gente solo se conecta con el dólar y las remesas.

La autoridad del sacrificio y la legitimidad

José Daniel Ferrer, quien ha sufrido la disidencia en carne propia, incluyendo encarcelamientos durante la Primavera Negra de 2003, sostiene que la legitimidad para liderar un proceso de transición se construye con resistencia interna y el respaldo del pueblo, no con acuerdos o recursos. Ferrer, fundador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), fue liberado el año pasado bajo condición de destierro y considera que el pueblo cubano recordará quién luchó por la libertad.

Ferrer reconoce que el desenlace dependerá de si EE. UU. fuerza la salida del régimen, como ocurrió en Venezuela. Sin embargo, enfatiza que el exilio puede hacer más que firmar documentos, promoviendo activismo clandestino dentro de Cuba para influir en la transición y exigir protagonismo.

Carlos Amel Oliva, exiliado de la UNPACU, cree que el liderazgo de la transición surgirá de las condiciones del momento, posiblemente de un levantamiento popular. La legitimidad se otorgará por la «fuerza del hecho». Oliva considera que Cuba está preparada para una transición, con una brecha cada vez menor entre la isla y Miami, y que la gente pide libertad y cambio. Está dispuesto a regresar a Cuba para reconstruir el país.

Expectativas y realidades

Analistas como Ted Henken, experto en temas de Cuba, observan con cautela la situación. Considera que la crisis en la isla y la política agresiva de Washington han generado una «expectativa exagerada» que alimenta la «industria de ser un líder cubano en el exilio». Henken advierte que esta postura puede ser irresponsable, ya que se prometen muchas cosas sin asumir responsabilidades, atribuyendo los límites a la dictadura actual.

El profesor Henken sugiere que figuras como Marco Rubio están preparando a la comunidad cubanoamericana para una posible decepción, ya que los acuerdos alcanzados podrían no ser los preferidos. Existe la posibilidad de que el régimen cubano resista o que, incluso si se produce un cambio, muchas promesas no se cumplan de inmediato.

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