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Por Luis González ()
Santa Clara.- Aunque hace menos de un mes que vimos y escuchamos a diversos funcionarios del Ministerio de Turismo cubano ofrecer públicamente garantías sobre el combustible y los insumos para el normal funcionamiento de las instalaciones hoteleras del país, ya la realidad les ha dado del golpe. Al menos a los trabajadores de los hoteles de la cayería norte de Villa Clara les advirtieron de la necesidad de internarse, pues no hay combustible para sus traslados diarios.
Este viernes se supo que los empleados de varios hoteles están siendo obligados a permanecer internados hasta siete días consecutivos en las instalaciones. Esto ocurre por la precaria situación con el transporte.

Según mensajes internos enviados por directivos a grupos de trabajadores —a los que tuvo acceso este medio—, la medida responde a orientaciones “dadas desde la máxima dirección del país”. Además, aclaran que no deben ser cuestionadas.
En dichas comunicaciones se informa que, debido a la escasez de combustible, las entradas al trabajo serán “contra albergamiento”. Es decir, los empleados deberán permanecer alojados en los hoteles durante varios días seguidos.
Los mensajes advierten a los trabajadores que deben acudir “preparados”, tanto el personal de oficina como el de servicios. Posteriormente se definirán turnos de rotación de dos por dos, o de tres por tres. Sin embargo, no hay garantías claras sobre los tiempos de salida.
En una de las comunicaciones se señala explícitamente que las salidas podrían demorarse hasta una semana. Varios trabajadores de algunos hoteles fueron advertidos de esto, lo que ha generado alarma e indignación entre los empleados.

Asimismo, se solicita a los trabajadores que informen su “disponibilidad” de manera privada. Esto sucede en un contexto en el que no se ofrece la posibilidad real de negarse sin exponerse a represalias laborales.
Uno de los elementos más reveladores de los mensajes internos es el énfasis en que “no es momento de cuestionar directrices”. Así, se refuerza un clima de disciplina forzada y ausencia de diálogo. La apelación a decisiones tomadas “desde la máxima dirección del país” funciona como mecanismo para anular cualquier reclamo. Además, traslada la responsabilidad fuera del ámbito local.
Paralelamente, la crisis ha provocado un reordenamiento abrupto de instalaciones turísticas en la zona. El hotel Valentín Perla Blanca fue cerrado el jueves por la tarde y sus clientes trasladados al Playa Cayo Santa María.
De igual forma, huéspedes de hoteles de la cadena española Meliá, incluidos el Meliá Cayo Santa María y el Meliá Buenavista, fueron movidos al Paradisus Los Cayos. Este hotel también es operado por la misma cadena.

Estos traslados confirman un proceso de concentración de operaciones para reducir consumo energético y de combustible. Al mismo tiempo, se intenta mantener una imagen de normalidad ante los turistas extranjeros.
Las medidas contrastan con las declaraciones públicas de funcionarios del turismo cubano. Ellos aseguraron a mediados de enero que el combustible para el sector estaba garantizado. En la práctica, esa garantía parece limitarse a hoteles, generadores, traslados de clientes y operaciones básicas. Los trabajadores cargan con el costo humano de la crisis.

El internamiento forzoso implica separación de las familias, problemas de cuidado de niños y adultos mayores, agotamiento físico y psicológico, y una alteración total de la vida personal de los empleados. Muchos de ellos no firmaron contratos que contemplen este tipo de régimen laboral.
Lo cierto es que mientras el Gobierno cubano prioriza la sostenibilidad del turismo como fuente de divisas en medio de la crisis económica, los trabajadores del sector en los cayos del norte de Villa Clara enfrentan condiciones laborales cada vez más precarias. Estas se ven marcadas por el internamiento obligatorio, la incertidumbre y la falta de derechos efectivos.
La situación evidencia una vez más que, en el actual modelo, el turismo se protege, pero quienes lo sostienen quedan desprotegidos. Así, quedan atrapados entre la escasez de combustible y un sistema que exige sacrificios sin ofrecer garantías.