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Somos una nación rota. No pongo «país» o «patria»

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Una nación a la que los focos de opinión (a la derecha o a la izquierda) la obligan a conducirse según sus intereses, y en el proceso te niegan la duda, te prohíben el criterio y te embolsan en una multitud religiosa. Unos focos de opinión que persiguen su propio progreso, su propio beneficio, su lasca de poder, sin importar si ello favorece al futuro o si tiene en cuenta las enseñanzas del pasado (entre otras causas porque no saben de historia). Nación sin dudas, nación sin criterio, nación repetidora. Nación papagaya.

«Analistas» sociales que ni puta idea de lo que vive el ciudadano que no tiene siquiera alimentos que conservar durante las veinte («No, pero eso es mucho»), treinta o cuarenta horas de apagón, con dolores en las articulaciones y una esperanza CERO de prosperidad.

Una nación que llora su propia impotencia y se refugia en la remota posibilidad de que la patria sea rescatada por otros, porque es imposible tener una oposición coherente y aglutinadora. Antes, de eso se ocupaban los órganos de Seguridad; ahora la propia oposición se ocupa de desmantelar a la oposición. Y «nadie quiere a nadie, se acabó el querer». Si descollas, me quitas mi negocio y levanto mi batería de veneno.

Una nación que vitorea a un Alexis «Cuco» guerrero (genial «joke art» de Ciro-sin-Cuartel) y propone estatuas y nombres de calle, porque cualquier héroe real, o no existe, o termina linchado por la tiradera. Una nación que no investiga, y confiesa que las muelas largas no se leen y es más masticable un reel de IA.

Somos una nación rota porque, para que exista un polo de poder, tiene que existir el otro, o sencillamente pierde sentido su existencia. Y ambos se aferran sobre el gentío a subsistir.

Y en el medio de la nación, una patria con amo actual o deseado para el futuro, pero sin futuro real, porque para la mayoría, el verdadero futuro, el único aspirable, el único posible, está fuera del país.

Una nación rota en la que la jugada es siempre de otro, y mientras, somos peones en el tablero.

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