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Por Yeison Derulo
La Habana.- El turismo en Cuba atraviesa uno de sus peores momentos en décadas, en un contexto marcado por la crisis económica, las sanciones internacionales y el deterioro general de los servicios básicos. En zonas emblemáticas de La Habana, como los alrededores del malecón y los circuitos de autos clásicos, la imagen se repite: turistas escasos, trabajadores a la espera y una actividad que ya no logra sostener a quienes dependen de ella para sobrevivir.
Desde 2018, el número de visitantes a la isla se ha reducido a más de la mitad. Tras años en los que el turismo llegó a generar hasta 3.000 millones de dólares anuales, la pandemia de la COVID-19, los apagones prolongados y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses provocaron un desplome sostenido del sector. Entre enero y noviembre de 2025, Cuba recibió apenas 2,3 millones de turistas, muy lejos de los 4,8 millones registrados en 2018 y los 4,2 millones de 2019.
El impacto es especialmente duro para los trabajadores informales y pequeños emprendedores. Vendedores ambulantes, choferes de autos clásicos y operadores de transporte turístico aseguran que sus ingresos se han reducido drásticamente. Muchos han tenido que bajar precios, extender jornadas o buscar alternativas para subsistir, mientras el flujo de clientes sigue sin recuperarse. “El cambio es inmenso”, coinciden quienes recuerdan los años en que la demanda superaba con creces la oferta.
A la caída del turismo se suma un escenario económico aún más complejo tras la interrupción de los envíos de petróleo desde Venezuela, principal aliado energético de la isla, luego de la reciente intervención de Estados Unidos en ese país.
Según cifras oficiales, las sanciones estadounidenses habrían provocado pérdidas cercanas a los 8.000 millones de dólares entre marzo de 2024 y febrero de 2025, agravando la escasez de combustible, los apagones y las dificultades en sectores clave.
Mientras tanto, la percepción de los visitantes que aún llegan a Cuba es diversa. Algunos destacan la hospitalidad y la resiliencia del pueblo cubano, pese al deterioro visible de infraestructuras, la acumulación de basura y las limitaciones tecnológicas.
Otros advierten un ambiente de desesperación económica y un país detenido en el tiempo. En cualquier caso, el consenso es claro: sin una recuperación del turismo, uno de los pocos motores reales de la economía nacional, el futuro inmediato de la isla se perfila cada vez más incierto.