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Sacan a Maykel Osorbo de la prisión y nadie sabe de su paradero

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Por Anette Espinosa

La Habana.- El preso político cubano Maykel Osorbo fue sacado de manera repentina de la prisión del Kilo 5 1/2 y, hasta el momento, no se conoce su paradero ni su estado de salud.

La denuncia fue realizada por la activista Anamely Ramos, quien alertó sobre la total falta de información tras el traslado, una práctica habitual del régimen cubano para castigar, aislar y generar angustia tanto en el detenido como en su entorno más cercano.

Según lo informado, Maykel fue retirado del penal sin previo aviso y sin que se notificara a la familia ni a sus allegados. No hubo explicación oficial, no se comunicó destino alguno y, como es costumbre en estos casos, el silencio se convirtió en la única respuesta de las autoridades penitenciarias.

En Cuba, cuando un preso político “desaparece” dentro del sistema carcelario, la alarma es inmediata y justificada.

Osorbo cumple condena por motivos estrictamente políticos, castigado por su activismo, su música y su postura frontal contra la dictadura. Su nombre está ligado al Movimiento San Isidro y al grito de “Patria y Vida”, convertido en delito por un régimen que criminaliza cualquier forma de disidencia. Desde su encarcelamiento, ha denunciado abusos, malas condiciones y hostigamiento constante por parte de los carceleros.

El traslado sin información forma parte del manual represivo del castrismo: mover al preso, romper la comunicación, desorientar a la familia y aumentar la presión psicológica. No es la primera vez que esto ocurre con Maykel Osorbo ni con otros presos políticos, muchos de los cuales han pasado días o semanas sin que se supiera dónde estaban ni en qué condiciones se encontraban.

La denuncia de Anamelys Ramos vuelve a poner el foco sobre la situación de los presos políticos en Cuba y la absoluta indefensión en la que se encuentran. Mientras el régimen habla de soberanía y dignidad, mantiene a artistas, activistas y opositores desaparecidos dentro de sus propias cárceles.

Cada hora sin noticias de Maykel es una prueba más de la brutalidad de un sistema que castiga la libertad como si fuera el peor de los crímenes.

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