Por Rafael Muñoz ()
Berlín.- El enfrentamiento contra la dictadura es tan desigual que, por sí sola, la población cubana no tiene posibilidades reales de éxito. Por eso muchos, sobre todo dentro de la isla, vieron la acción de Trump sobre el petróleo como una ayuda en ese camino, asumieron esto como un mal necesario para precipitar la caída de un sistema que vive de aplastar al pueblo y arreciaron las protestas.
En principio, toda medida que debilite al poder es bienvenida. Pero, un mes después de implementado el bloqueo petrolero, hay que decir otra verdad: el pueblo cubano está desgastado. Y ya no queda nada que quemar.
Pasado un mes, la pregunta es inevitable: ¿qué sigue?
Una acción de esta naturaleza, un bloqueo petrolero tan fuerte, puede tener sentido como golpe inicial, como señal de que esta vez va en serio. Pero si se prolonga sin un objetivo claro, si se convierte simplemente en dejar a la gente sin luz de manera indefinida, entonces deja de servir al propósito que la justificaba. Si no hay un siguiente paso, si no hay una estrategia para rematar al sistema, ahora más débil que nunca, entonces el costo humano empieza a ser demasiado alto.
Hoy leo que Trump afloja un poco la mano. Solo un poco, para que pase un barco ruso. Por razones humanitarias, dice. Es entendible que no quiera desatar la ira del oso ruso por nosotros. En La Habana, el régimen ya ha demostrado cuáles son sus prioridades: ese petróleo no irá a aliviar la vida de la población, ni a comprar ambulancias. Nada es más potente en su política de propaganda que un hospital apagado, mientras destina ese poco petróleo al fortalecimiento del aparato represivo: patrullas, fuerzas especiales, camiones antimotines, control y represión.
¿Qué carajo espera la administración Trump?
Porque las administraciones americanas no acaban de entender que el castrismo opera con otra lógica. Que invierte en romperte la cabeza, no en reparártela. Invierte en sostener el miedo, no en hacer prosperar la vida. Su objetivo no es el país, no es la gente, no es la economía: su único objetivo es mantenerse en el poder político a toda costa, incluso si para lograrlo tiene que dejar que Cuba se destruya.
Funciona como una maquinaria de poder dispuesta a sacrificarlo todo con tal de no caer. Y esa incomprensión de la realidad cubana, que parecen tener también Trump y Rubio, es lo que ha permitido al castrismo enterrar una administración americana tras otra.
Por eso la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué sigue? Porque el objetivo del régimen está clarísimo: ganar tiempo, sobrevivir a la administración Trump. Si eso ocurre, entonces sí estamos jodidos.
El pueblo cubano ya ha puesto el sufrimiento. Ya ha puesto la resistencia. Ya ha puesto la calle. Lo que no puede seguir poniendo indefinidamente es la esperanza, cuando del otro lado no existe una estrategia real para terminar lo que empezó.
Por eso la pregunta: ¿Qué carajo espera la administración Trump?
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