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Primero la libertad: La mentira del caos como arma de la dictadura

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- Como pólvora corre entre algunos “patriotas” del régimen y entre no pocos adoctrinados la vieja teoría de que la dictadura, ellos la llaman revolución, no puede caer porque no hay líder, no hay moneda, el peso no serviría, no hay alimentos, no hay elecciones libres, no hay un programa conocido, no hay estructura, no hay nada.

Y uno se pregunta: ¿a qué intereses sirve esta cantinela?

La respuesta es obvia: sirve a la dictadura.

Este discurso no es nuevo. Es una construcción política deliberada. Es la estrategia clásica de todo poder totalitario: sembrar terror al vacío, miedo al cambio, pánico al día después. La dictadura no se presenta como el problema, sino como el único dique frente al supuesto abismo. Es la misma mentira repetida durante siglos por todos los tiranos.

Pero la historia es implacable con las falsificaciones. Ninguna lucha contra una dictadura nació con un programa administrativo bajo el brazo.

Ninguna revolución por la libertad comenzó con un manual de economía, un banco central diseñado o una nueva moneda impresa.

Ningún pueblo se liberó esperando a que le entregaran un plan de gobierno aprobado por sus opresores.

La historia demuestra exactamente lo contrario. La libertad siempre ha sido primero.

Francia no derrocó a la monarquía con un programa económico previo.

Europa del Este no derribó al comunismo con partidos consolidados ni plataformas técnicas.

España no salió del franquismo porque Franco organizara elecciones. Portugal no acabó con Salazar porque existiera una hoja de ruta.

Los países bálticos no se liberaron porque Moscú les diseñara una transición. Los pueblos se levantan cuando vivir de rodillas se vuelve insoportable.

La libertad no es una política pública. Es un derecho natural.

La dictadura cubana pretende convencer a la nación de que sin ella no hay orden, que sin ella vendrá el hambre, que sin ella no habrá moneda, que sin ella no existirá país. Pero la realidad es exactamente la inversa: Cuba ya vive en el hambre, ya vive en el colapso, ya vive en la ruina, ya vive en el caos moral, social y económico.

No hay mayor caos que un país sin futuro. No hay mayor desorden que una nación sin esperanza. Y no hay mayor quiebra que una sociedad sin libertad.

El régimen ha convertido la miseria en normalidad y la represión en estabilidad. Ha logrado que muchos confundan el silencio con la paz, el miedo con el orden, la resignación con gobernabilidad.

Ese es su gran triunfo psicológico. Por eso repiten que sin ellos no hay nación. Por eso aseguran que sin ellos todo se derrumba. Y por eso intentan hacer creer que Cuba no puede existir sin la dictadura.

Pero ningún país nace de una tiranía.

Las naciones nacen cuando los pueblos deciden ser libres.

La dictadura no crea líderes: los reprime. No crea economía: la destruye. La dictadura no crea instituciones: las pervierte. La dictadura no crea patria: la secuestra.

Los líderes surgen en los momentos extraordinarios. La historia lo demuestra una y otra vez. No se fabrican en oficinas ni se designan por decreto. Emergen cuando la nación despierta.

Hoy Cuba está llegando al borde de una explosión social. Se respira en la calle. Se siente en las casas y se palpa en los apagones, en las colas, en el hambre, en la humillación diaria.

Y hay miedo. Miedo legítimo. Miedo humano.

Pero ese miedo es alimentado de manera consciente por el régimen. Se usa como un arma política. Se cultiva como un veneno lento. Y se inyecta todos los días en la conciencia nacional.

“Sin nosotros viene el caos”, dicen.

La historia demuestra lo contrario. El verdadero caos es la dictadura. El verdadero abismo es el totalitarismo.

La verdadera ruina es la tiranía.

Primero cae la dictadura. Después se reconstruye la nación.

Así ha ocurrido siempre. Así ocurrirá también en Cuba. La libertad no se negocia. Se conquista.

Y cuando un pueblo decide levantarse, no hay ejército, ni policía política, ni aparato ideológico capaz de detenerlo para siempre.

La historia no perdona a los tiranos. La historia siempre termina dándole la razón a los pueblos.

Y Cuba no será la excepción.

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