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¿Por qué Estados Unidos no mató a Maduro como lo hizo con Bin Laden?

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Por Oliver Santos (Especial para El Vigía de Cuba)

Caracas.- La comparación entre Nicolás Maduro y Osama Bin Laden parte de una premisa equivocada, y ahí es donde suele empezar la confusión. Osama Bin Laden era el líder de una organización terrorista no estatal, responsable directo de un ataque que dejó casi 3 000 muertos en suelo estadounidense. Para Washington, Bin Laden era un objetivo militar en una guerra declarada contra Al Qaeda. No era jefe de Estado, no representaba formalmente a ningún país y, por tanto, su eliminación no violaba —al menos en el relato oficial— el marco clásico del derecho internacional.

Nicolás Maduro, por el contrario, es un dictador, sí, pero también es el jefe de un Estado reconocido por la ONU, con asiento diplomático, embajadas y relaciones formales, incluso con países aliados de Estados Unidos. Matarlo implicaría asesinar a un presidente en funciones, lo cual se considera un acto de guerra directa. Y Estados Unidos, por más músculo militar que tenga, no suele cruzar esa línea sin una justificación extrema, porque las consecuencias políticas, jurídicas y militares serían enormes, empezando por una desestabilización regional inmediata.

Washington juega a largo plazo

Hay otro detalle que muchos pasan por alto: a Estados Unidos, históricamente, le ha resultado más útil tener a ciertos dictadores vivos, aislados, sancionados y desgastados, que convertirlos en mártires. Un Maduro muerto por una operación estadounidense sería el sueño húmedo del chavismo: victimismo eterno, relato épico y cohesión interna a punta de funeral y consignas. Vivo, en cambio, es un problema que se pudre solo, un símbolo del fracaso que arrastra a su propio sistema.

Por último, Washington juega a largo plazo. Prefiere la asfixia económica, la presión diplomática, los expedientes judiciales y el desgaste interno antes que una bala que incendie el continente. No es una cuestión de moral, sino de cálculo. A Bin Laden lo mataron porque era un objetivo militar en una guerra específica. A Maduro no lo han tocado porque, paradójicamente, vivo y debilitado les resulta menos peligroso que muerto y convertido en mito

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