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Ppor Jorge L. León (Historiador e investigador)
Houston.- Sesenta y siete años han pasado desde que una dictadura comunista se instaló en Cuba, destruyendo no solo la economía, sino también el alma de un pueblo. Lo que queda hoy es una isla arrasada, donde las promesas incumplidas se han convertido en una cruel rutina de hambre, apagones y represión.
No hay democracia en Cuba. No existe el derecho a pensar, a leer o a expresar una opinión diferente sin ser señalado, detenido o silenciado. Las leyes son cadenas que atan al pueblo, diseñadas para proteger a una élite corrupta y miserable que vive ajena a la realidad que padecen millones.
Mientras ellos disfrutan de privilegios, mansiones y viajes al extranjero, el pueblo sufre el frío de un invierno eterno: hambre en las mesas vacías, colas interminables por comida, medicinas inexistentes y un futuro que se desvanece. Jóvenes abandonan la patria buscando sobrevivir, mientras el régimen se burla, manteniendo un control férreo sobre todos los aspectos de la vida.
Fidel Castro, ese falso héroe convertido en dictador, es ahora un símbolo de fracaso y tiranía. Su culto impuesto destruyó cualquier vestigio de dignidad y moralidad en la nación. La Constitución es un papel sin valor, la voz del pueblo no existe y la bota opresora del Partido Comunista aplasta cualquier atisbo de libertad.
La desesperanza ha calado profundo, pero también la rabia y la urgencia. Ya no se puede seguir mintiendo ni callando. Somos esclavos en nuestra propia tierra, condenados a sobrevivir bajo un sistema que niega hasta lo más básico: la vida digna.
Hoy, la patria nos grita con fuerza: o eres cómplice de esta tiranía o te levantas como patriota para reclamar la libertad que nos han robado. No hay neutralidad posible. La decisión es personal, pero el destino de Cuba está en juego.
La hora es ahora. Si no rompemos las cadenas hoy, seguiremos enterrados en la miseria, el miedo y la humillación. Es la encrucijada definitiva: Patria o esclavitud. Tú eliges.
No podemos seguir esperando a que otros decidan por nosotros ni quedarnos callados ante la injusticia que nos consume. La libertad no es un regalo que caerá del cielo; es una conquista que exige valentía y compromiso.
A cada cubano, desde el más joven hasta el más anciano, le hago un llamado urgente: despierten del letargo impuesto, rechacen la complicidad y tomen partido por el futuro de nuestra nación. Cada gesto, cada palabra, cada acto de resistencia es una chispa que puede encender la llama de la esperanza.
La historia no perdonará a quienes elijan la indiferencia. Hoy, más que nunca, ¡la patria nos convoca!… ¡Di no a mítines, di no a marchas! Quédate en casa, no seas cómplice de este régimen de degenerados. ¡¡Pronto podremos abrazarnos libres!!