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Pastor en Cuba: ¿Guardarás silencio?

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Hace unas horas, mi hijo (Iván Daniel Calás Navarro) publicó un mensaje tras recibir críticas por hablar con claridad sobre la realidad que vivimos. Algunos dijeron que buscaba un «caso político» (lo que hay que oir). Otros cuestionaron sus intenciones. Otros, simplemente, le pidieron que callara.

En ese mensaje escribió dando gracias a todos los que le apoyaban: «En especial a todos esos pastores y líderes, de varias denominaciones, que nos escriben por privado respaldándonos.»

Mensajes de ánimo. Oraciones. Apoyo en silencio.

Eso tiene valor. Pero también nos obliga a hacernos una pregunta urgente.


¿Qué estamos enseñando desde el púlpito?

Las iglesias en Cuba están llenas cada domingo.

Llenas de creyentes que sufren escasez.
Llenas de madres que no saben cómo alimentar a sus hijos.
Llenas de ancianos que sobreviven con lo mínimo.
Llenas de jóvenes que no ven futuro.

No estamos hablando de teoría. Estamos hablando de la realidad cotidiana que todos conocen.

Y frente a ese pueblo herido, cada domingo, se levanta un pastor.

No se trata primero de redes sociales. No se trata de exposición pública.

Se trata de esto: ¿estamos formando a nuestro pueblo para enfrentar bíblicamente la realidad que vive, o estamos predicando mensajes que evitan tocar la herida?


El apoyo privado no sustituye el deber público

Muchos líderes escriben por privado: “Estamos con ustedes”. “Oramos por ustedes”. “Tienen razón”.

Eso honra su conciencia. Pero el rebaño no vive en conversaciones privadas. Vive en la realidad diaria. Y el domingo espera dirección espiritual clara.

“Portaos varonilmente, y esforzaos.”
— 1 Corintios 16:13

No es un llamado a la imprudencia. Es un llamado a la firmeza espiritual.

El silencio también enseña

Cuando el pastor evita sistemáticamente hablar del sufrimiento que todos conocen, el silencio se convierte en mensaje.

Enseña que hay temas que no se tocan.
Enseña que la prudencia puede convertirse en miedo.
Enseña que es posible predicar desconectados de la realidad.

Y eso es pastoralmente peligroso.


Ezequiel 34: una advertencia seria

Dios habló con claridad a los líderes de Israel:

“¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!
¿No apacientan los pastores a los rebaños?”
— Ezequiel 34:2

“No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma…”
— Ezequiel 34:4

El problema no era solo abuso. También era abandono.

Cuando el cuidado del ministerio se convierte en protección de privilegios —viajes, estabilidad económica, reconocimiento institucional, seguridad personal— debemos preguntarnos con honestidad: ¿estamos pastoreando o preservándonos?

“He aquí, yo estoy contra los pastores… y demandaré mis ovejas de su mano.”
— Ezequiel 34:10

Eso no es política. Eso es la Escritura.


Pastor, ¿de qué predicas este domingo?

¿Predicas de paz sin reconocer el hambre? ¿Hablas de provisión sin mencionar la escasez? ¿Anuncias esperanza sin nombrar la angustia?

(Si tienes dudas para cambiar de tema, lee Judas 3.)

La paz de Dios es real. La provisión de Dios es real. La esperanza cristiana es real.

Pero también es real el sufrimiento del pueblo.

La Escritura es clara: debemos mirar de frente la necesidad del hermano, no ocultarla; y si está en nuestras manos, cubrirla también con ayuda material. Pero en ningún lugar nos autoriza a callarla ni a ignorarla:

“Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,
y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”
— Santiago 2:15–17

No podemos decir “id en paz” desde el púlpito mientras evitamos nombrar la necesidad que todos ven.

“No he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.”
— Hechos 20:27

Todo el consejo. No solo la parte cómoda.


El Buen Pastor no huye

“El asalariado… ve venir al lobo y huye… pero el buen pastor su vida da por las ovejas.”
— Juan 10:11–12

No estamos llamando a convertir el altar en tribuna partidista ni politica. Estamos llamando a ejercer liderazgo espiritual completo.

Si el pueblo vive bajo presión, debemos enseñar bíblicamente cómo enfrentarla.
Si vive con miedo, debemos hablar del temor con honestidad.
Si vive escasez, debemos predicar provisión sin negar la realidad.


Dios está mirando

El miedo es real.
Las consecuencias pueden ser reales.
Las familias son reales.

Pero también es real el llamado pastoral.

“Yo buscaré la perdida… fortaleceré la débil.”
— Ezequiel 34:16

Un día no se nos preguntará si evitamos conflictos. Se nos preguntará cómo cuidamos a las ovejas cuando estaban débiles.

Este no es tiempo de debilidad espiritual. Es tiempo de conciencia delante de Dios.

Porque el púlpito no fue diseñado para proteger comodidad, sino para formar carácter.

Y la iglesia en Cuba necesita pastores y lideres valientes, bíblicos y coherentes.

Que cada uno examine su corazón.

Delante del Señor y Dios Jesuscristo.

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