Instala El Vigía de Cuba y accede a las noticias al instante.

Mantente informado en todo momento, sin perder ninguna noticia importante.

📱 Cómo instalar:

👉 Android:
Pulsa los 3 puntos (⋮) arriba a la derecha y selecciona "Añadir a pantalla de inicio"

👉 iPhone:
Pulsa el botón compartir 🔗 y luego "Añadir a pantalla de inicio"

Enter your email address below and subscribe to our newsletter

NOSTALGIA

Comparte esta noticia
Por Arturo Mesa
Atlanta.- Y mientras vibra la música en una noche de acordes trinitarios, una joven, sorprendida por lo pálida que se ha tornado mi piel, me pregunta si bailo. Y uno, nervioso como nunca, asiente, y me conduce al escenario, aunque prefiero ocultarme entre los visitantes; solo entonces bailamos.
Como techo, todas las hojas de dos almendros que irrumpieron en el patio por allá por cuando la República, y una grieta con estrellas por donde se escapa la voz de la cantante. Hay rones, cocteles, mamparas, tejidos de un denso punto local expuestos para venta; bebidas en tazones de barro y portones, que en su época abrían para coches. Hay personas que entran y salen atraídas en parte por la música, en parte por el ensarte de vigas que sostienen un techo a dos aguas. Hay sombreros de paño cuando debieron ser de yagua y un distante aroma de Cohíba, tan sutil como perfecto.
Hay pícaras estrofas que hace a la gente reír, mucho más por ser mujer la vocalista.
La joven de piel oscura y cabello desenvuelto no esperaba que el de la piel de fantasma supiera bailar y lo expresa, mientras las gotas de sudor corren por ambos cuerpos como si también bailaran a distancia. Cuentan que allí nunca es invierno.
¿Cómo te llamas? pregunta ella al fin, y comprendo entonces que estoy lejos.

Deja un comentario

Lo más consultado hoy