Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Max Astudillo ()
La Habana.- Estimado Pedro Jorge González, más conocido en el universo digital como «El Necio»: Permítame, desde el respeto que merece todo aquel que se gana la vida con la palabra, recordarle ciertas cosas que su militancia apasionada parece haberle hecho olvidar. Porque usted presume de investigar y de ejercer un periodismo ético. Sin embargo, cae una y otra vez en el mismo error de manual: atribuir al bloqueo de Estados Unidos lo que es responsabilidad exclusiva de la política económica y social implantada por Fidel Castro, su hermano y la cohorte que los acompañó desde aquel lejano 1 de enero de 1959.
¿De verdad cree, o pretende hacer creer, que fue el bloqueo estadounidense el que terminó con la floreciente industria cubana? ¿Fue el bloqueo el que pulverizó las pequeñas, medianas y grandes empresas que existían en la isla antes de 1959? ¿Fue Washington el que machacó la iniciativa privada, el que encarceló y expulsó a algunos de los mejores cerebros cubanos? ¿O fue quien persiguió a todos aquellos que se atrevieron a pensar diferente, el que estableció la libreta de racionamiento como forma de vida y el que condenó a vivir en la pobreza a la mayoría de la población?
No, «Necio». Eso fue obra y gracia del modelo que usted defiende con tanto ahínco. Fue la revolución, con su afán nacionalizador y su culto a la uniformidad, la que secó las fuentes del trabajo y la creatividad.
Y luego, en esa lógica tan peculiar, se empeña en comparar a Cuba con Suecia, Noruega, Dinamarca o Finlandia. ¿Cómo puede un periodista —dizque periodista— con un mínimo de rigor caer en semejante trampa retórica?
Suecia tiene un PIB per cápita que supera los 57.000 dólares y una tasa de desempleo de apenas el 8%; Cuba, en los índices de corrupción y desarrollo, aparece sistemáticamente a años luz de esos países nórdicos.
No es el bloqueo lo que impide a Cuba emular a esas naciones; es la falta de libertades, la ausencia de un sistema productivo eficiente, la corrupción enquistada y la incapacidad estructural para generar riqueza más allá del turismo y las remesas. Además, pretender que Cuba, con su modelo actual, pueda parecerse a Suecia es tan absurdo como creer que un carro sin ruedas puede ganar una carrera de Fórmula 1.
Ver declaraciones de El Necio: (https://www.facebook.com/reel/1421607292174918)
Usted tuvo la ocurrencia de publicar en redes sociales los movimientos del Encargado de Negocios estadounidense Mike Hammer, y fue sancionado por ello. Luego, se escuda en la «libertad de prensa» y en la «ética periodística». Pero la ética, amigo «Necio», no consiste en servir de altavoz a las miserias del poder, sino en contar la verdad, aunque duela.
Y la verdad es que usted, como tantos otros especímenes pagados por la dictadura —ya sea en especie, con viajes, o con esa moneda tan codiciada llamada «presencia en redes»—, ha perdido cualquier atisbo de escrúpulos. De hecho, miente con la soltura de quien sabe que su audiencia prefiere el relato épico a la realidad cruda. Miente aunque sea por un viaje a cualquier país o por un puñado de «me gusta». Esa presencia, «Necio», no es presencia periodística; es presencia sucia, emponzoñada por la complicidad.
Ustedes, los que como usted defienden lo indefendible, olvidan que la historia no se escribe con consignas, sino con hechos. Por otro lado, los hechos son tozudos: Cuba no es un país libre, no es un país próspero, y no lo será mientras siga anclada en un modelo que fracasó hace décadas. El mundo entero lo ve, excepto ustedes, los «necios» que prefieren mirar para otro lado.
Le deseo, de verdad, que algún día se atreva a ejercer ese periodismo ético que predica, aunque sea para contar la verdad de una vez. Pero para eso, amigo, tendría que empezar por darse cuenta de que el enemigo no está al norte. Está mucho más cerca.