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Por Yoelbis Albelo ()
Matanzas.- Se ha instalado en ciertos sectores la versión de que las mipymes cubanas podrían convertirse en la solución para romper el bloqueo energético de Trump. Que los pequeños y medianos empresarios privados podrán importar combustible, traerlo a la isla y venderlo, sorteando las sanciones y el cerco petrolero. Suena bonito, sí. Suena a libre mercado, a iniciativa privada, a solución cubana para problemas cubanos. Pero basta rascar un poco para que la fantasía se desmorone.
Porque habría que preguntar: ¿cuántas mipymes cubanas tienen barcos propios? ¿Cuántas tienen flotas de tanqueros para cruzar el Atlántico o el Golfo y traer combustible desde cualquier lugar del mundo? ¿Cuántas tienen depósitos de almacenamiento con capacidad para recibir, guardar y distribuir miles de litros de gasolina, diésel o queroseno? La respuesta es ninguna. Cero. Las mipymes cubanas, en su inmensa mayoría, son pequeños negocios de barrio, emprendimientos familiares, sin la más mínima infraestructura logística para semejante operación.
Y luego viene la otra pregunta: ¿cuántas mipymes tienen estaciones de servicio? ¿Cuántas tienen gasolineras donde vender ese combustible al público? Tampoco. Las gasolineras en Cuba son todas del Estado, controladas por CUPET, por el gobierno, por el aparato militar. No hay una sola bomba de gasolina en manos privadas. Entonces, si las mipymes importaran combustible, ¿a quién se lo venderían? ¿Al Estado? ¿Y el Estado se lo compraría? ¿Con qué dinero? ¿Y luego lo revendería? El círculo se cierra siempre en el mismo sitio.
No será, acaso, que el verdadero plan es que el gobierno siga importando combustible como siempre, pero ahora bajo la fachada de las mipymes. Como han hecho con tantas otras cosas: usar al sector privado como pantalla, como testaferro, para esconder operaciones que el Estado no puede o no quiere hacer abiertamente. Así han funcionado muchas empresas de la cúpula militar, así han operado durante años. No sería nada nuevo: el régimen necesita combustible para mantener su aparato represivo funcionando, y si tiene que usar el nombre de las mipymes para conseguirlo, lo hará sin pestañear.
Mientras tanto, anoche en Marianao hubo cacerolazo. Vecinos protestando contra los apagones, contra la escasez, contra el hambre. ¿Y saben qué pasó? Media docena de carros de la policía aparecieron en el barrio. En el mismo Marianao donde no hay combustible para recoger la basura, donde los enfermos esperan ambulancias que nunca llegan, donde los muertos esperan días para ser enterrados porque no hay diésel para los carros fúnebres. Pero para reprimir, para perseguir, para acallar, para eso sí hay combustible. Para eso siempre hay.
Así que no nos vendan la moto. Las mipymes no van a importar combustible. No pueden. No tienen cómo. El único que puede importar combustible en Cuba es el gobierno, el mismo que lo raciona, el mismo que decide quién lo recibe y quién no. Y mientras el régimen siga teniendo gasolina para sus patrullas, para sus tanquetas, para su aparato de control, seguirá riéndose de nosotros. Lo demás, puro cuento.