
Las Mipymes aumentan en Cuba en medio de la catástrofe económica
Por Anette Espinosa
La Habana.- Desde su aprobación en 2021, las Micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) han experimentado un crecimiento considerable en Cuba. Las cifras oficiales muestran que aquel año se aprobaron apenas 262 negocios privados. En 2022 la cifra saltó hasta 4 666, con 4 404 nuevas aprobaciones, y en 2023 llegó a 8 066.
Para septiembre de 2026, el registro alcanzaba las 10 568 Mipymes privadas, un crecimiento que, sobre el papel, parece extraordinario y que merece una lectura más allá de las estadísticas que publica el Gobierno.
La autorización de estas formas de gestión no estatal representó un cambio importante en un país donde durante décadas el régimen persiguió cualquier iniciativa económica independiente. De pronto, miles de cubanos encontraron una vía para emprender, contratar trabajadores y desarrollar negocios fuera de la estructura empresarial estatal.
Sin embargo, el crecimiento de las Mipymes también ha estado condicionado por las restricciones gubernamentales, la falta de financiamiento, los obstáculos burocráticos y una política económica que sigue desconfiando de la iniciativa privada. La dictadura quiere empresarios que produzcan, paguen impuestos y resuelvan parte de sus propios problemas, aunque sin concederles verdadera autonomía.
Hay otro asunto que no se puede pasar por alto. Tener 10 568 Mipymes registradas no significa que Cuba tenga una economía saludable ni que sus ciudadanos estén viviendo mejor. Los precios siguen por las nubes, el peso cubano pierde valor, los salarios no alcanzan y buena parte de la población depende de un mercado privado al que muchas familias no pueden acceder.
El sector privado ha terminado ocupando espacios que el Estado fue incapaz de sostener, desde la comercialización de alimentos hasta los servicios y la distribución de productos básicos. Una contradicción enorme para un sistema que todavía presume de defender un modelo económico socialista.
Las cifras demuestran que existe capacidad emprendedora en la sociedad cubana. Lo que falta es libertad económica, seguridad jurídica y un Gobierno dispuesto a dejar trabajar a la gente sin imponerle tantas trabas.
Las Mipymes no son responsables del desastre económico nacional; al contrario, representan una de las pocas alternativas que han encontrado miles de cubanos para salir adelante. El régimen debería tomar nota de una realidad elemental: ningún país puede prosperar asfixiando a quienes producen riqueza.
Después de seis décadas de monopolio estatal, la iniciativa privada vuelve a demostrar que el problema de Cuba nunca ha sido la falta de talento de sus ciudadanos, sino el sistema que pretende controlarlo todo.



















