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Por Hermes Entenza ()

Núremberg.- Llevamos –los cubanos como nadie– 67 años escuchando las dos palabras «mágicas» que han definido nuestro modo de concebir el mundo. Estas palabras, como una compañía de pavimentación, han construido a sonido de martillo, bloques de piedra y concreto, nuestro «largo y tortuoso camino» como seres pensantes. Dichas palabras son Izquierda y Derecha. Cuando las decimos, con toda la musicalidad que ambas poseen, estamos, con ingenuidad, pintando de rojo o azul todo cuanto nos rodea.

Y si bien una palabra no significa mucho hoy, estas dos llevan la canturía de toda una época. Esto incluye su Guerra Fría y caliente, con sus muertos y zombis en cada generación.

Hay una frase histórica que asegura: «La izquierda es el camino más largo para llegar a la derecha». No deja de poseer su lógica. Lo ha demostrado el devenir histórico de ambos bandos. Los cubanos que estamos dispersos por el mundo, cuando vemos las manadas de izquierdosos vociferando por las calles, nos causa, en el mejor de los casos, un sentimiento de lástima y compasión.

¡Qué graciosas se ven en ciudades del primer mundo las banderas rojas y la multitud de jóvenes gritando «El pueblo unido jamás será vencido»! Lo hacen con vehemencia y seguridad de que el mundo va a cambiar de un tirón. Además, piensan que con las herramientas del marxismo construirán un paisaje feliz. El pueblo será el dueño de la tierra, y el poder del dinero caiga frente a la solidaridad y el amor.

Hasta ahí todo parece funcionar. La izquierda es de los rebeldes que, como niños que se portan mal en el aula, reniegan de sus profesores y hasta de la familia que los crió.

Unos y otros

Esa es la izquierda real, la que dice cosas y demuestra las fallas de una derecha que nunca será perfecta porque la perfección no existe. Pero si esa izquierda triunfa, deja de ser interesante y propiciadora de buena voluntad para ese proletariado que se acostumbró a gritar y, lentamente a veces, u otras más veloz, se convierte en dictadura. En consecuencia, logra el control total de cuanto hace y piensa el ciudadano común.

Hay naciones de derecha muy inteligentes –porque hay muchas derechas– que en su momento adjuntaron a sus plataformas económicas elementos sociales y comunitarios. Además, han logrado aumentar el valor ciudadano, el nivel educacional y seguridad social, entre otras cosas. Izquierda, lo que se dice izquierda, hay una sola. Esta no puede asimilar detalles del capitalismo porque el socialismo tiene también el umbral del fracaso muy bajo y una soberbia muy alta. El «todo o nada» es la divisa en su escudo y, por esa razón, pierde todas las batallas y se va a bolina.

China y Vietnam son dos casos raros con economías de mercado socialista, pero ambas naciones han sido hasta ahora poco interesantes para la dictadura cubana. Esto se debe a que tiene, además, el umbral ideológico con bajísima sensibilidad moral para tratar con su pueblo.

Hoy se diseña una flotilla de la izquierda mundial que intenta llegar a Cuba; por supuesto, el gobierno cubano los va a recibir con los brazos abiertos. ¿Qué llevarán? Algunas toneladas de alimentos, muchas pancartas, equipos de sonido con altísimos decibelios y 100 cajas de alcohol para consumo interno de los flotilleros.

El feudo, ese es el problema

El gobierno cubano no necesita nada más; con esa campaña a todo tren, ya tiene resuelto el show necesario para llamar la atención mundial que se emocionará. Pero Cuba no es de izquierda, eso es parte del pasado cuando Fidel tenía una tobera económica procedente del CAME. Esta tobera económica la dilapidó en pocos años sosteniendo guerrillas y escaramuzas por doquier.

Hoy en Cuba funciona un feudalismo del siglo XXI, una cárcel sin ideas donde la cúpula, la incipiente burguesía y la pequeña nobleza viven un capitalismo voraz con más fanfarria que los millonarios de Mónaco, Saint–Tropez y Capri. Estos flotilleros servirán de actores en un performance estatal que atenuará por unos días la catástrofe creada por el gobierno y que se ha visualizado en todo el mundo.

Hay, además, un movimiento muy lógico de cubanos en el exilio que se han pronunciado con el hashtag #SiEllosEntranNosotrosTambién. Es obvio, ¿verdad? Hay más cubanos fuera de la isla que cien flotillas juntas, y estos pueden ofrecer todo lo que necesita el pueblo. Pero, a pesar de que todavía no hay detalles, seremos muy ingenuos si pensamos que el gobierno va a aceptar el desembarco de cubanos libertos. Si lo aceptara, perdería el show.

El problema de Cuba hoy no es de izquierda ni de derecha, sino de acabar ese feudo que ha destrozado los puntos cardinales y el alma de cada cubano, los de dentro y los de afuera.

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