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En una era de tanques y bombas, un hombre demostró que el coraje, la habilidad y un toque de locura aún podían reescribir las reglas de la guerra.
Mientras todos entraban en combate con rifles, él lo hizo con una espada, un arco y una gaita.
Mayo de 1940. Francia.
La maquinaria militar alemana avanzaba con una eficiencia nunca vista. Tanques Panzer, bombarderos en picado, ametralladoras. La guerra moderna había llegado para quedarse.
Pero John Malcolm Thorpe Fleming Churchill no estaba interesado en eso.
Para sus compañeros era simplemente Mad Jack. Para él, la guerra había perdido algo esencial: el arte. Así que cuando fue llamado a filas, empacó lo que consideraba indispensable. Un arco largo con el que había competido internacionalmente. Un sable escocés heredado. Y una gaita.
No era una broma.
Durante la retirada hacia Dunkerque, su unidad tomó posiciones en un pequeño pueblo francés. Mientras los demás revisaban municiones, Jack subió a una torre de piedra y esperó. Cuando una patrulla alemana apareció en la carretera, calculó la distancia, tensó el arco y disparó.
La flecha dio en el pecho de un suboficial alemán.
Fue la única muerte confirmada con arco largo en toda la Segunda Guerra Mundial. Y apenas era el comienzo.
Las fuerzas aliadas se acercaban a las playas de Salerno. El aire estaba lleno de explosiones y motores. Entonces, atravesando el estruendo, se oyó algo imposible. Gaitas.
Jack iba al frente de la lancha de desembarco, completamente expuesto, tocando mientras las balas silbaban. Cuando el bote tocó tierra, saltó con la espada en mano y lideró el asalto. No con un grito. Con música.
Esa misma noche, junto a un cabo, decidió internarse en territorio enemigo. No llevaban armas de fuego. Solo espadas. Desde la oscuridad, Jack aparecía ante los centinelas alemanes y, con calma absoluta, les decía que estaban rodeados.
El impacto psicológico fue devastador.
Al amanecer, habían capturado a 42 soldados alemanes y un escuadrón completo de morteros sin disparar un solo tiro.
Sus hazañas continuaron durante toda la guerra. Incursiones, capturas, fugas. En una ocasión, se retiró de una posición tocando su gaita mientras el enemigo avanzaba, simplemente porque consideró que era lo apropiado.
Cuando la guerra terminó en 1945, Jack no celebró. Se dice que estaba decepcionado. Pensaba que el conflicto podía haber durado años más.
Sobrevivió a todo. Vivió hasta los 89 años. Pero nunca dejó de ser un guerrero de otra época, alguien que se negó a aceptar que la valentía, la caballerosidad y la teatralidad habían quedado obsoletas.
En una guerra industrial, Mad Jack Churchill demostró que un solo individuo, armado con audacia y convicción, aún podía convertirse en leyenda.
Algunos hombres se adaptan a su tiempo. Otros obligan a su tiempo a recordarlos.