Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Pedro Monreal (El Estado como tal)
La Habana.- Asumiendo que funcionarios de Cuba y de Estados Unidos coincidan en que una “apertura” económica en Cuba es “una posible vía para avanzar” y decidiesen dialogar sobre el tema, la primera pregunta sería cuán bien se comprende el significado distinto del término para la otra parte.
Parecerían existir conceptualizaciones muy diferentes; para La Habana la “apertura” incluye ajustes selectivos, reversibles y subordinados a preservar el sistema. Para Washington, “apertura” equivaldría al paso hacia un modelo de “libertad económica”, una economía de mercado.
Sin embargo, el término “apertura” también pudiera ser empleado de manera nebulosa. Por ejemplo, cuando se aplica a una “apertura” tipo China o Vietnam con la aceptación tácita de que se produjeron transiciones hacia una “economía de mercado”.
No intento discutir aquí la precisión de tal interpretación, que porta además la vaguedad de filigranas semánticas como la de “economía de mercado orientada al socialismo”. Tampoco considero que China y Vietnam deben ser “modelos” para Cuba.
Lo que me interesa anotar aquí es que una utilización imprecisa del término “apertura” pudiera facilitar la flexibilidad del lenguaje diplomático. ¿Sería aceptable para Washington una “apertura” económica de “mercado” en Cuba del tipo de China o Vietnam? Todavía no lo sabemos.
Tampoco conocemos si se modificará la apreciación actual de Washington acerca de que “el régimen cubano no tiene un conocimiento básico de cómo funcionan los negocios” en el caso (por el momento improbable) de que el gobierno cubano siguiera el modelo chino- vietnamita.
El tema de un modelo China- Vietnam para Cuba pudiera ser relevante porque es frecuente en los análisis. Por ejemplo, una publicación de la época del “deshielo” lo consideró implícitamente como un escenario aceptable (Economic Normalization with Cuba: A Roadmap for US Policymakers, PIIE,2015).
Pudiera ser que la diferencia notable entre la actualidad y la etapa del deshielo en cuanto a la anuencia por parte de EE.UU de un modelo chino- vietnamita en Cuba no fuese conceptualmente relevante, sino una cuestión de oportunidad y de estilo de diplomacia.
La severa crisis cubana que no existía cuando el deshielo probablemente se perciba en Washington no solamente como oportunidad para “sanciones” efectivas, sino también como factor interno favorable a cambios “soberanos” tipo “second best option” con “apertura” chino- vietnamita.
No queda claro si este tema de la “apertura” económica adquirirá mayor relevancia en el enfoque de Washington respecto a Cuba o si se desvanecerá. Por el momento, parecería ser un tema interesante para la vía diplomática. Veremos…