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Por Jorge Sotero ()
La Habana.- La televisión cubana ha vuelto a encender las alarmas con una lista que pretende ser definitiva. Siete frentes de agresión, siete frentes de batalla, siete frentes donde Estados Unidos, según el relato oficial, estaría golpeando sin piedad a la isla.
Uno podría pensar, escuchando la retahíla, que Washington no tiene otra ocupación que maquinar contra Cuba veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Y aunque el bloqueo existe y es real, la lista merece un análisis pausado, porque en sus entresijos se esconde también la confesión involuntaria de las propias debilidades estructurales del sistema castrista.
El primero de los frentes es el energético. El bloqueo, dicen, impide que llegue petróleo a la isla, provocando apagones interminables y paralizando el turismo. Es cierto que las medidas de Trump han endurecido el cerco, pero también es cierto que el sistema eléctrico cubano llevaba décadas desmoronándose por falta de mantenimiento, inversión y previsión.
Culpar a Washington de los apagones es como culpar al vecino de que se haya fundido la bombilla de tu casa: la bombilla era vieja, la instalación era deficiente y el manten brillaba por su ausencia mucho antes de que el bloqueo energético se endureciera.
El segundo frente es el turístico. Según La Habana, las presiones internacionales sobre las aerolíneas han dejado a Cuba sin visitantes. Es verdad que Air Canada y otras compañías han suspendido vuelos, pero también es verdad que los turistas no vienen no solo por el bloqueo, sino porque el país no ofrece condiciones: apagones, escasez de agua, falta de alimentos, hoteles semivacíos y una imagen de crisis humanitaria que corre como la pólvora por las redes sociales.
El turismo no muere por decreto de Washington; muere porque el producto turístico cubano se ha deteriorado hasta lo irreconocible.
El tercer frente son las remesas. La suspensión de envíos de dinero a través de agencias bloqueadas ha sido un golpe durísimo para millones de cubanos que dependen de la ayuda familiar. Es cierto que las medidas han afectado, pero también lo es que el gobierno cubano ha hecho todo lo posible por desalentar el envío de remesas, gravándolas con impuestos absurdos, dificultando su recepción y, en muchos casos, desviándolas hacia sus propias arcas a través de mecanismos cambiarios perversos.
El que aprieta el tornillo de las remesas no está solo en Washington; también está en La Habana.
Luego, el cuarto frente es el de las misiones médicas. El régimen denuncia una presión constante para desmontar las misiones en el exterior y cortar así una fuente vital de ingresos. Es verdad que Estados Unidos ha señalado estas misiones como posibles focos de explotación laboral, pero también es verdad que el gobierno cubano ha convertido la solidaridad médica en un negocio millonario, enviando galenos al extranjero mientras los hospitales de la isla carecen de lo más elemental. La contradicción es tan brutal que duele.
El quinto frente es el del sabotaje y la violencia. Acusa a Estados Unidos de tolerar grupos que planean acciones violentas desde Florida, recordando los recientes sucesos de Villa Clara. Es cierto que en Miami hay grupos radicales, pero también lo es que el gobierno cubano ha utilizado históricamente la amenaza de la invasión para justificar la represión interna. El «enemigo externo» es el comodín que siempre sacan cuando la presión interna se vuelve insoportable. Y vaya que se ha vuelto insoportable.
Entonces, el sexto frente es la guerra mediática. Denuncian una campaña millonaria pagada desde territorio americano para que el pueblo le eche la culpa de la miseria únicamente al gobierno cubano. Aquí la ironía alcanza cotas insospechadas: el mismo régimen que controla absolutamente todos los medios de comunicación en la isla, que no permite una sola publicación independiente, que tiene periodistas presos por ejercer su oficio, se queja de que desde fuera paguen campañas para contar la verdad. Si la verdad les duele tanto, tal vez deberían preguntarse qué están haciendo mal.
El séptimo y último frente es el más enigmático: el de las negociaciones secretas. El gobierno desmiente cualquier contacto con la administración Trump, calificando esa versión como una «maniobra» para confundir al pueblo. Sin embargo, las filtraciones de Axios y las declaraciones del propio Trump apuntan en dirección contraria. Algo se cuece en La Habana, algo que la cúpula no quiere que se sepa. Porque si hay negociaciones, si hay contactos, si hay búsqueda de acuerdos, entonces el discurso de la resistencia heroica se desmorona. Y sin ese discurso, ¿qué les queda?
Los siete frentes existen, sin duda. Pero al analizarlos con calma, uno descubre que el enemigo no está solo al otro lado del estrecho. Está también, y sobre todo, del lado de acá. En las decisiones equivocadas, en la corrupción enquistada, en la incapacidad estructural, en el miedo a soltar el poder. Washington aprieta, sí. Pero el verdadero hundimiento viene de dentro. Como siempre ha sido. Como siempre será, hasta que alguien decida cambiar las reglas del juego.