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Los diez minutos en que Jim Carrey creyó que el mundo terminaba

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Enero de 2018. Una mañana tranquila en Hawái se convirtió, de repente, en uno de los momentos más extraños que muchos visitantes y residentes de las islas recuerdan. Entre ellos estaba el actor Jim Carrey.

Mientras estaba de vacaciones, recibió una llamada de su asistente. Le decía que acababa de aparecer una alerta: un misil balístico se dirigía hacia Hawái y podría impactar en pocos minutos.

Instantes después llegó el mensaje oficial a miles de teléfonos móviles en el estado: “Alerta de misil balístico entrante. Busque refugio inmediato. Esto no es un simulacro”.

Durante varios minutos, el mensaje sembró el pánico. Personas corriendo hacia refugios. Familias buscando a sus seres queridos. Gente despidiéndose por teléfono.

Carrey intentó llamar a su hija y a su familia. Nadie respondió. Con el tiempo aparentemente contado, tomó una decisión sencilla. Fue a la playa.

Se sentó frente al océano mientras amanecía y, según contó después, empezó a pensar en su vida. No en el miedo. En la gratitud. En todo lo que había vivido. Y en las personas que había amado. Y en lo sorprendente que era haber llegado hasta ese momento.

Pasaron unos minutos más. Entonces llegó otra llamada. La alerta había sido un error. Todo había sido una falsa alarma provocada por una equivocación en el sistema de emergencias.

El mundo no se estaba terminando. La vida continuaba.

Más tarde, Carrey reflexionó sobre lo ocurrido con una calma que sorprendió a muchos. Dijo que, cuando creyó que el final estaba cerca, no sintió pánico.

Sintió claridad. Una claridad sencilla sobre lo que realmente importa. Porque cuando el tiempo parece acabarse, las cosas que ocupaban nuestra mente hace unos minutos dejan de tener peso. Y lo único que queda es la vida que hemos vivido.

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