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Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvivencia.org)
Pinar del Río.- Mi columna del lunes pasado ha sido muy leída y bien acogida. Agradezco a todos. Su título es sugerente: “El futuro ya está aquí: hay que prepararse”. Parte de ese texto fue leído acusatoriamente por el oficial “que me atiende” durante el interrogatorio del pasado 23 de enero en el cuartel de la Seguridad del Estado en Pinar del Río.
Con los años he aprendido que debemos sacar enseñanzas de todo lo que vivimos, incluidas las pruebas que nos sobrevienen como consecuencias del proyecto de vida que, desde nuestra fe cristiana, hemos elegido libre y responsablemente.
Esta ocasión me ha servido de inspiración para esta columna del lunes. En efecto, quiero compartir con mis lectores mi convicción de que los cubanos queremos y podemos asumir nuestro futuro con libertad y responsabilidad. Es verdad que debemos prepararnos, pero también es verdad que lo mejor del pueblo cubano, en la Isla y en la Diáspora, cuenta con lo esencial para hacerse cargo del porvenir de libertad, democracia y progreso ordenado y rápido que Cuba merece y necesita.
Los cubanos han dado muestra fehaciente de tener las capacidades y el talento necesarios y suficientes para asumir un futuro “por cuenta propia”. Es verdad que ambos pulmones de la misma y única nación cubana deberán complementarse mutuamente:
Los cubanos de la Diáspora nos podrán aportar no solo su experiencia de vivir en libertad y en otro sistema sino también su experticia. “La experiencia es la acumulación de vivencias (el “qué”), mientras que la experticia es la destilación de ese conocimiento en habilidades aplicadas (el “cómo”, el know how) y en una comprensión estratégica (el “por qué”)”. Estoy absolutamente convencido de que hay un número significativo y suficiente de cubanos y cubanas que viven en la Diáspora que están listos y dispuestos para trabajar en la reconstrucción ágil, eficiente y eficaz, de su querida y añorada Patria. Lo he podido comprobar personalmente durante ya once años en que hemos estudiado y trabajado juntos en los encuentros del Centro de Estudios Convivencia en que hemos venido preparando el futuro de Cuba. Con esa ayuda en conocimiento, tecnología, formas de gestión y administración, podemos contar. Los cubanos están ahí, están disponibles, son competentes, están listos, generosos y entusiasmados. Eso es una muestra de que los cubanos queremos y podemos asumir responsablemente nuestro futuro.
Otra muestra somos los cubanos que vivimos en la Isla. Todos sabemos que en Cuba hay un gran número de cubanos emprendedores, capacitados, talentosos y dispuestos a reconstruir este país, después del cambio, con tal de tener libertad, un nuevo marco jurídico que defienda y garantice la propiedad privada, la libertad de empresa, el libre mercado con responsabilidad social y una democracia que garantice todos los derechos económicos, políticos, sociales y culturales. Esto es otra muestra de que los cubanos queremos y podemos afrontar nuestro futuro como protagonistas de nuestra historia.
Pero los cubanos no solo tenemos las suficientes capacidades y talentos intelectuales, académicos, culturales y gerenciales. Contamos también con las inversiones, los créditos y las finanzas, más las donaciones, para un primer impulso rápido, eficiente y eficaz, venido de nuestros hermanos cubanos empresarios, financistas y filántropos que, desde hace mucho tiempo, han proclamado, con el verbo y los hechos, que los cubanos exitosos del mundo entero y especialmente del sur de la Florida, quieren y pueden levantar fondos de inversión rápida, a mediano y largo plazo, en las infraestructuras que Cuba necesita urgentemente después del cambio. Estas infraestructuras fueron identificadas con un orden de prioridad por el XVII Informe del Centro de Estudios Convivencia en los siguientes siete sectores prioritarios: energético, hidráulico, transporte, salud, educación, vivienda y comunicaciones. (Cf. https://centroconvivencia.org/…/XVII-Informe-de…)
Cuba también cuenta con las instituciones, las personas, los medios y, sobre todo, con la herencia espiritual, cultural y religiosa que se necesita para echar adelante los complejos y duraderos procesos de sanación del daño antropológico causado por el totalitarismo y para la reconstrucción moral, espiritual y religiosa de la nación cubana.
Cuba puede asumir también este reto del futuro, que ya está aquí, porque no tiene que volver a recurrir a filosofías, ideologías y culturas foráneas y extrañas a nuestra identidad. Nuestor país tiene un tesoro filosófico, espiritual, ético, cívico y religioso, desde Varela y Martí, vigentes y suficientes para sanar y fecundar el alma de la nación.
La Iglesia tiene en sí misma, en su Fundador, en sus enseñanzas y en su vida comunitaria y servicios de solidaridad material y espiritual, todo lo que se necesita para la conversión, la liberación y el desarrollo humano integral de todos los cubanos. Su responsabilidad en este campo es y será enorme e indispensable.
En resumen, Cuba tiene, entre sus propios hijos de la Isla y de la Diáspora, todo lo que necesita para asumir, por sí misma, la reconstrucción, la administración y el sostenimiento del orden, de la seguridad, de la estabilidad y de su integración a la comunidad de naciones libres y democráticas.
Claro que el mundo de hoy es interdependiente y globalizado y ningún país puede vivir solo ni aislado. Por eso toda ayuda solidaria respetuosa será bienvenida siempre que su origen sea de naciones en las que se respeten la libertad, los derechos humanos y la democracia.
Los cubanos queremos y podemos. Nadie, por tanto, tendrá que gestionar o administrar los destinos de Cuba. Cuando gocemos de la libertad suficiente y asumamos la responsabilidad necesaria, podremos demostrarle al mundo de lo que somos y seremos capaces nosotros los cubanos, sin pecar de chovinismos ni nacionalismos extremos. Abiertos al mundo sí, pero siendo protagonistas de nuestro porvenir.
Nosotros los cubanos somos y debemos ser los dueños de nuestro futuro.
Estoy seguro de que lo seremos.
Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.