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Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Trump a mencionado varias veces a sus amigos cubanos americanos que les gustaría regresar a Cuba seguramente a invertir. Ayer pude ver la entrevista de Mario Pentón a Jorge Mas Santos un gran empresario el hijo del gran patriota Jorge Mas Canosa hablando sobre el mismo tema de inversión y reconstruir Cuba, lo cual me pareció fantástico y me recordó a su padre.
Existen cinco posibles escenarios claros sobre la mesa, y si uno mira esto con mentalidad de inversionista serio, no de discurso político, la pregunta real es una sola: ¿dónde está la seguridad jurídica de verdad, la que protege el dinero, los contratos y la propiedad?
El primer escenario es una transición al estilo venezolano, donde se intenta el cambio a través del mismo régimen haciendo reformas. En papel puede parecer estabilidad, en la realidad es continuidad del problema. El mismo aparato que ha controlado todo seguiría teniendo el poder de decidir qué se respeta y qué no. Para un inversionista eso es veneno puro. No hay garantías reales, no hay tribunales independientes, no hay confianza. Es un modelo donde el capital entra solo si tiene conexiones o acepta riesgos extremos.
El segundo escenario es una transición mixta, donde conviven figuras del régimen con la oposición. Aquí hay un intento de equilibrio, pero también una contradicción interna muy peligrosa. Estás dejando dentro del sistema a quienes tienen intereses en que nada cambie del todo. Eso genera incertidumbre constante, decisiones incoherentes y riesgo de que cualquier avance sea revertido. Para invertir, esto significa un terreno inestable, donde hoy tienes luz verde y mañana te cambian las reglas.
El tercer escenario es una transición completamente liderada por la oposición cubana y el pueblo. Aquí está la legitimidad, la ruptura con el pasado y la oportunidad de construir instituciones nuevas. Eso es clave. El problema es el arranque. Un país sin instituciones funcionales necesita reconstruir desde cero: sistema judicial, registros de propiedad, fuerzas de seguridad, administración pública. En ese vacío inicial surgen conflictos legales, disputas por propiedades y desorden. El inversionista grande normalmente espera a que ese proceso madure antes de entrar con fuerza.
El cuarto escenario es una tutela temporal de Estados Unidos durante la transición, hasta que el país quede completamente libre de los órganos de representación comunistas y se construya un sistema estable. En este modelo, Estados Unidos no solo supervisa, sino que garantiza el control del orden, la depuración institucional y la creación de un marco jurídico confiable.
Una vez consolidado el país, se establecería un mecanismo permanente similar a la Enmienda Platt, donde Estados Unidos tendría la capacidad de intervenir en situaciones críticas como golpes de Estado, surgimiento de grupos armados, guerras civiles o amenazas al sistema democrático. Para el inversionista, este escenario combina lo mejor de dos mundos: estabilidad fuerte en la etapa más frágil y una garantía a largo plazo de que el sistema no será secuestrado nuevamente.
El quinto escenario, entendido como una relación permanente tipo Guam o Palau, donde Cuba tenga un vínculo estructural y duradero con Estados Unidos que defina defensa, marco institucional y garantías, lleva esa lógica aún más lejos. Aquí no se trata de transición, sino de un modelo estable en el tiempo donde las reglas del juego están alineadas con un sistema jurídico fuerte y predecible. Para el capital grande, esto representa el nivel más alto de confianza posible: contratos que se respetan, propiedad protegida, acceso a financiamiento y un entorno donde las reglas no cambian arbitrariamente.
La diferencia entre estos escenarios no está en las promesas, está en quién tiene el poder real de garantizar que las reglas se cumplan. El dinero grande no entra donde hay discursos, entra donde hay fuerza detrás de la ley.
Si el objetivo es reconstruir Cuba con inversión real, sostenida y a gran escala, la clave no es solo cambiar el sistema político, es crear un entorno donde invertir no sea un acto de fe, sino una decisión racional. Ahí es donde se define el futuro económico del país.