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Los barriles del siglo XIV: el tesoro arqueológico de Odense

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“Algo huele mal en Dinamarca”, escribió William Shakespeare en Hamlet. Siglos después, en Dinamarca… algo realmente seguía oliendo.

En Odense, ciudad natal de Hans Christian Andersen, arqueólogos descubrieron barriles que formaban parte de una letrina del siglo XIV. No eran simples restos de tierra removida. Estaban sorprendentemente bien conservados, sellados por capas de sedimento durante más de 700 años.

Y sí, aún conservaban olor.

Lejos de ser una curiosidad desagradable, el hallazgo permitió reconstruir aspectos íntimos de la vida medieval. El análisis del contenido reveló abundantes semillas y restos de bayas, lo que indica que estos frutos silvestres formaban parte habitual de la dieta. En una época sin supermercados ni conservación industrial, la naturaleza inmediata marcaba lo que se comía.

Pero el descubrimiento fue más allá de la alimentación.

Dentro de los barriles aparecieron fragmentos de musgo, cuero y retazos de tela. Todo apunta a que eran utilizados para la higiene personal. En ausencia de papel, se empleaban materiales disponibles y reutilizables. Nada se desperdiciaba. Todo tenía más de una vida útil.

Los propios barriles cuentan otra historia silenciosa. Antes de terminar como parte del sistema sanitario, probablemente sirvieron para transportar pescado u otros alimentos. Cuando ya no eran útiles para el comercio, se transformaron en infraestructura urbana básica.

La historia no solo vive en reyes y batallas. También se esconde en lo cotidiano, en lo que se come, en lo que se reutiliza… incluso en lo que se desecha.

A veces, para entender el pasado, hay que aceptar que no siempre huele a gloria.

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