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Por Yeison Derulo

La Habana.- La dictadura, como no tiene nada bueno para decirle al pueblo, acaba de anunciar con bombos y platillos la llegada de un primer envío de Aspirina de 81 miligramos desde China; todo un un acontecimiento histórico.

Lo presentan como una “estrategia para garantizar el acceso” cuando, en realidad, lo que queda en evidencia es el nivel de precariedad al que ha sido arrastrado el sistema de salud: celebrar la importación de una aspirina es aceptar, sin rubor alguno, que el país no puede producir ni asegurar uno de los medicamentos más básicos del planeta.

Hablan de “riguroso proceso de evaluación” y de “transferencia de tecnología” entre instituciones, pero evitan mencionar por qué fue necesario llegar hasta Wuhan para resolver algo tan elemental. El discurso técnico intenta maquillar una verdad incómoda: los laboratorios nacionales están en ruinas, desabastecidos y sin capacidad real de respuesta, producto de años de mala gestión, improvisación y propaganda vacía. Ninguna evaluación del Cecmed puede ocultar ese desastre estructural.

El régimen insiste en vender la cooperación bilateral como un “modelo innovador”, sustentado en socios estratégicos y en las ganancias del PPG. Sin embargo, no explica por qué esas supuestas ganancias no se traducen en abastecimiento estable dentro del país. Resulta cínico hablar de sostenibilidad cuando los pacientes llevan meses —y en algunos casos años— sin acceso regular a medicamentos esenciales, mientras el Estado sigue priorizando negocios opacos y alianzas que nunca aterrizan en la vida cotidiana del cubano.

La promesa de que en 2026 se cubrirá “en su totalidad” la demanda de Aspirina roza lo ofensivo. ¿Qué deben hacer los enfermos cardiovasculares hasta entonces? ¿Esperar, resistir y agradecer? El mismo guion de siempre: posponer soluciones, estirar plazos y pedir paciencia, como si la salud fuera un proyecto a largo plazo y no una urgencia diaria. En cualquier país medianamente funcional, esta noticia sería motivo de vergüenza, no de celebración.

El verdadero titular aquí no es la llegada de aspirinas a Cuba: el sistema fracasó, y ahora pretende aplausos por resolver, tarde y mal, lo que nunca debió faltar.

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