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Por Nelson de la Rosa ()
Santiago de los Caballeros.— El Gran Maestro cubano Lázaro Bruzón Batista volvió a ser noticia en el ajedrez internacional tras su destacada actuación en el III Torneo Internacional Club Caissa, celebrado del 7 al 11 de enero en el Club Italiano de la Zona 10 de Ciudad de Guatemala.
Compitiendo bajo la bandera de Estados Unidos, Bruzón sumó 7 puntos de 9 posibles, con cinco victorias y cuatro tablas, resultado que le permitió compartir el primer lugar, quedar segundo por sistema de desempate y ganar seis puntos de Elo, partiendo de 2543.
En un torneo que reunió a 153 jugadores de 23 federaciones, el ajedrecista nacido y formado en Cuba exhibió un estilo sólido, sobrio y eficaz, manteniéndose en la lucha por la cima durante las nueve rondas. Su rendimiento confirmó que, aun cuando se define como “semiretirado” del ajedrez competitivo, conserva intactas la jerarquía y la experiencia que lo han distinguido por más de veinte años en la élite mundial.
Más allá del resultado deportivo, la participación de Bruzón en Guatemala tuvo un significado especial para quienes siguen el ajedrez cubano desde fuera de la Isla. Al concluir el torneo, el gran maestro publicó un mensaje en redes sociales donde, junto al reconocimiento a la excelente organización y a la hospitalidad guatemalteca —país que visitó por primera vez—, compartió una reflexión que resonó con fuerza en la comunidad del exilio cubano.
Bruzón subrayó el valor emocional de reencontrarse con amigos y compañeros de su carrera desde la infancia, pero centró su mensaje en un hecho revelador: la presencia de varios grandes maestros cubanos compitiendo bajo diferentes banderas nacionales, una imagen cada vez más habitual en el ajedrez internacional.
En el Club Caissa coincidieron, además de Bruzón (Estados Unidos), los GM Neurys Delgado (Paraguay), Roberto García Pantoja (Colombia) y Yuri González (Cuba). Para Bruzón, ese grupo representa mucho más que una coincidencia deportiva. “Somos, de alguna manera, el reflejo de la Cuba que soñamos muchos y que aún no tenemos”, escribió, vinculando el ajedrez con la experiencia del destierro, la identidad y la fragmentación del talento nacional.
Esa idea fue reforzada por otra nota periodística publicada tras el evento, que destacó la huella cubana en los primeros planos del torneo, independientemente de la bandera representada. Desde la mirada de la diáspora, la actuación de Bruzón no es solo un éxito individual, sino parte de un fenómeno colectivo: el de una generación formada en Cuba que continúa brillando y aportando prestigio al ajedrez continental desde fuera de sus fronteras.
El mensaje del GM cubano-estadounidense cerró con un tono de optimismo y afirmación personal, al señalar que inicia el 2026 con buenos resultados y renovadas expectativas. Lo hizo con una frase que sintetiza su sentir y que no pasó inadvertida:
“Esto apenas comienza. ¡Viva Venezuela y viva Cuba libre!”
Así, el III Torneo Internacional Club Caissa dejó algo más que tablas de posiciones y cifras de Elo. Dejó también la voz de un ajedrecista cubano en la diáspora, recordando que, incluso en silencio, el ajedrez sigue siendo un espacio donde se expresan la memoria, la identidad y el anhelo de un futuro distinto para Cuba.