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Por Ulises Aquino
La Habana.- Escucho o leo las nuevas políticas del Gobierno para incentivar la inversión extranjera en Cuba. De los operativos y persecución de los cambios informales de divisas y ya no me ruborizo como antes. Yo diría que aunque no me causan gracia, me provoca una suerte de hastío, el hecho de que busquen en «distorsiones», «grupos de medidas», «lineamientos», etcétera, a los responsables de la situación.
Me hago una sola pregunta:¿No es más sencillo y mas útil liberar todo lo que está encerrado en dogmas, slogans y controles excesivos? La inversión extranjera en Cuba ha estado plagada de tantos condicionamientos que no es atractiva para nadie. Para colmo, una semana antes de esta nueva política, prohíben la salida de divisas a las Empresas que invirtieron y confiaron antes.
¿No es una paradoja? ¿Quién va a invertir en un país donde no podrá exportar sus utilidades y no tiene electricidad en el Siglo XXI?
El grave problema económico de la nación está reñido al lento y poco margen de movimiento de su política. Esperan a que las situaciones sean críticas para buscar soluciones y culpables, como si el tiempo no existiera. Tan así es, que una funcionaria se atreve a decir en público que nuestra soberanía eléctrica llegará en 2035. Es decir » la semana que viene «. Quiso decir que estaremos así los próximos diez años.
El Primer Ministro expresa que no podemos criticar al Gobierno en las redes sociales en un evento de Ciberseguridad. A ver si entiendo:tengo que asumir que aunque esté convencido de que lo hacen mal, muy mal, no puedo hablar, ni protestar, ni decir.
Cuando se pruebe nuevamente el error, tendrán 10 años más para «corregir» esas «distorsiones». Este sencillo cubano les garantiza que nada de eso cambiará nuestra realidad. Ni en el 2035, ni en el 2080. Porque lo único que puede revertir esta situación es hacer todo lo contrario.
Liberar toda la economía. Cambiar el papel del Estado que ejerce como empresario, como patrón explotador y asumir la imperiosa necesidad de este pueblo de vivir. Sumar a todos los cubanos, sea cual sea su credo, a salvar la Patria que muere de enfermedades, de hambre y de lo que es peor, de angustia.
Asumir que al paso que vamos en el 2035 ya no tendremos país. Mientras estaban reunidos, nadie recogía la basura que nos ha enfermado, que nos está matando y no se daban cuenta. Ni siquiera lo reconocían.
Pasa un huracán devastador y el Presidente de la República no puede entregarle una cama a una pobre anciana porque según él no tiene. Pues sí tiene. Tiene para regalarle todas las camas de las casas de visita de los Gobiernos provinciales, del Partido o de los Hoteles, porque en el Socialismo, supuestamente son del pueblo. Eso hubiera hecho cualquiera que estuviera sensibilizado y tuviera el poder que el ostenta para hacerlo.
Las remesas no son del Gobierno. Las remesas son el aporte de los que emigraron a sus familias que finalmente entran en la economía nacional como una bendición, porque no le cuesta nada al Estado, ni el más mínimo esfuerzo ni una mínima inversión.
Pero como no hay de donde sacar, hay que echar mano del dinero del que menos tiene que es el pueblo que no puede más. Sin embargo, causará el efecto contrario, tendremos menos ingresos por las remesas, porque la gente sabe que el tipo de cambio que impondrá el Gobierno les dejará menos dinero.
Eso ocurre siempre, porque tiene que ver con esa incapacidad de darse cuenta de que el Estado dejó de ser pueblo, y se convierte en el que quita lejos de ser el que da. Y lo expresé en el post anterior, caminamos hacia el desastre.
Caminamos hacia el desastre mientras no asuman la participación ciudadana en las decisiones y culpen a El Toque y a cuantos medios expresen como les dé la gana. La responsabilidad de Cuba, no es de Otaola, ni de El Toque, ni de ningún influencer.
La responsabilidad es de los que tienen el poder de cambiar las cosas y no lo hacen.