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Las cifras sobre la mortalidad infantil en Holguín «mejoran» y la realidad empeora

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Por Yeison Derulo

Holguín.- La provincia de Holguín cerró 2025 con una tasa de mortalidad infantil de 6,42 por cada mil nacidos vivos. El dato, presentado como un éxito institucional por las autoridades de Salud, esconde una verdad menos cómoda: aunque se ubica como la cuarta más baja del país y la menor del oriente cubano, está muy por encima de los indicadores históricos del territorio. Dicho de otro modo, se celebra una cifra que, en condiciones normales, habría sido motivo de alarma.

Desde el discurso oficial, el retroceso se justifica con el mismo libreto de siempre: escasez de recursos, año extremadamente complejo, déficit de insumos y el consabido “recrudecimiento del bloqueo”. Sin embargo, la realidad es que la mortalidad infantil no aumenta de manera abstracta. Aumenta cuando fallan la atención primaria, el seguimiento a la gestante, el transporte sanitario, la disponibilidad de medicamentos básicos y, sobre todo, cuando el sistema se sostiene más en el sacrificio humano que en una estructura funcional.

Es cierto que nacieron 6 583 niños y que, entre las provincias con más de 5 mil partos, Holguín muestra la tasa más baja del país. Pero el dato pierde brillo cuando se observa el contexto: menos nacimientos, menos embarazos controlados y una población que envejece aceleradamente. No es necesariamente eficiencia; también es consecuencia de un país donde cada vez nacen menos niños porque tener un hijo se ha convertido en un acto de fe.

Ninguna institución médica sirve

El hospital Vladimir Ilich Lenin es presentado como una joya dentro del desastre, con una tasa de 2,17 y más de cinco mil nacimientos en medio de apagones, falta de personal, huracanes y epidemias. El mérito del colectivo médico es indiscutible, pero precisamente ahí radica la contradicción: los resultados se sostienen a base de heroicidad, no de normalidad. Cuando un sistema depende del heroísmo permanente, lo que existe no es fortaleza, sino precariedad crónica.

Los servicios de Neonatología, Cirugía Neonatal y Reproducción Asistida muestran indicadores alentadores, pero funcionan como islas dentro de un océano de carencias. Celebrar tasas, porcentajes y sobrevidas sin abordar las causas estructurales del deterioro sanitario es maquillar la estadística. La mortalidad infantil no debería analizarse como un número para aplaudir, sino como un termómetro social que confirma una verdad incómoda: en Holguín, como en el resto del país, la salud pública resiste… pero ya no avanza.

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