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La vida regresa a un cruce de Puerto Príncipe recuperado de las pandillas, pero la normalidad sigue siendo esquiva

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Puerto Príncipe.- Casi dos años después de que cientos de pandilleros tomaran el control del célebre cruce de Carrefour Aéroport en el corazón de la capital haitiana, la policía logró expulsarlos de la zona en diciembre con la ayuda de una empresa privada de seguridad y agentes kenianos de una misión respaldada por la ONU. La reapertura del destacamento policial el 7 de febrero marcó un hito en una capital donde las pandillas controlan aproximadamente el 90% del territorio.

La recuperación de esta estratégica intersección es considerada por expertos como un primer mensaje tangible de que las autoridades pueden recuperar espacios perdidos. «Es una señal de esperanza. Envía el mensaje de que esto se puede hacer», declaró Romain Le Cour, jefe del Observatorio de Haití en la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. La ofensiva contra las pandillas en la zona se produjo tras más de un año de violencia desatada por la coalición Viv Ansanm.

Tras la reapertura de la comisaría, vendedores ambulantes, mototaxis y conductores de autobuses conocidos como tap taps han comenzado a regresar. «Los pequeños negocios se recuperan», afirmó Jean-Remy Laveau, un mototaxista de 35 años. «Será bueno para mí: más actividades, más dinero, más trabajo. Podré alimentar mejor a mis dos hijos y a mi esposa». Sin embargo, decenas de viviendas calcinadas y negocios destruidos permanecen en ruinas, sin señales de reconstrucción.

Aún persiste el temor

No todos celebran el resurgimiento. Gaspar Caseus, de 49 años, expresó su frustración porque las pandillas aún controlan la carretera principal hacia el sur, lo que afecta su trabajo recolectando carbón. «Destruyó mi vida», dijo sobre el ataque de 2024. «Podía comer cuando me daba la gana. Ahora, sólo como si aparece algo». Caseus confía en que una nueva fuerza de supresión de pandillas, que se espera llegue en abril, pueda ampliar los avances.

Antoinette Desulmon, de 32 años, regresó a vender frutas y verduras en Carrefour Aéroport pese al miedo constante. Su pareja desapareció hace dos años, víctima presumible de la violencia, y sus dos hijos viven desplazados en un refugio improvisado. «Mi corazón está roto. La depresión es real», confesó. Expertos advierten que recuperar el territorio es sólo el primer paso, y quedan preguntas sin resolver sobre la reconstrucción y el destino de los miembros de las pandillas.

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