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Por Max Astudillo
La Habana.- La imagen pretende vender épica, pero lo que muestra es otra cosa. Un soldado cubano, uniformado de verde olivo, cocina a leña en medio del monte, con calderos improvisados y un fogón cavado en la tierra, como si el calendario se hubiese detenido en los años sesenta. Según la narrativa oficial —y la que algunos todavía repiten sin rubor— esa escena forma parte de la “preparación combativa” ante una eventual guerra con Estados Unidos. La realidad, sin embargo, es mucho más cruda y menos heroica.
Mientras el régimen habla de defensa de la patria, la foto retrata precariedad, atraso y simulacro. No hay tecnología militar, no hay logística moderna, no hay señales de un ejército del siglo XXI. Hay humo, leña húmeda, ollas abolladas y un hombre cocinando en condiciones que recuerdan más a un campamento de sobrevivientes que a una fuerza armada lista para enfrentar a la mayor potencia militar del planeta. La distancia entre el discurso y la imagen es sencillamente grotesca.
Cuba no se prepara para ninguna guerra con Estados Unidos; Cuba apenas logra sostener su propia ficción. Este tipo de escenas no buscan disuadir a un enemigo externo, sino alimentar la propaganda interna, mantener vivo el cuento del asedio permanente y justificar el control, la miseria y la militarización de la vida civil. El soldado de la foto no intimida a nadie fuera de la isla; dentro, en cambio, sirve como recordatorio de que todo sigue girando alrededor del miedo.
Hablar de “guerra inminente” mientras los militares cocinan con leña es una falta de respeto no solo a la inteligencia, sino también a esos mismos soldados. Jóvenes mal pagados, mal alimentados y usados como utilería ideológica para sostener un relato que hace décadas perdió sentido. Ningún país serio se prepara para un conflicto moderno cavando huecos en la tierra para poner calderos encima del fuego.
Al final, la imagen no habla de Estados Unidos, habla de Cuba. Habla de un país anclado en el pasado, gobernado por una cúpula que sigue jugando a la guerra mientras la nación real se cae a pedazos. Si esto es la “defensa estratégica” del castrismo, entonces no hay que temerle a una guerra externa: la verdadera derrota hace rato que está ocurriendo puertas adentro.