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La suerte está echada. El final del régimen ya se anuncia

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- La historia, cuando decide moverse, lo hace sin pedir permiso. Y en ocasiones repite sus propias señales para advertir a quienes se niegan a verla venir.

Existe hoy un inquietante paralelismo con el colapso del bloque soviético. El derrumbe de la Unión Soviética arrastró consigo a los regímenes satélites de Europa del Este. No fue un accidente. Fue la consecuencia directa de una presión política, económica y estratégica sostenida que terminó por asfixiar a un sistema agotado, sin legitimidad ni futuro.

Algo muy similar está ocurriendo ahora.

La caída de Venezuela, principal sostén financiero del autoritarismo latinoamericano ha dejado al descubierto la fragilidad de las dictaduras que orbitan alrededor de La Habana. Cuba, ideóloga y exportadora de la catástrofe regional, se encuentra hoy en su momento más vulnerable desde 1959.

Estados Unidos ha lanzado una advertencia directa al régimen cubano: “Hagan un trato ahora. Después será tarde.”

Trump presiona

La voz, esta vez, es la de Donald Trump.

Y las dictaduras entienden perfectamente el lenguaje del poder. En público fingen indiferencia. En privado, entran en pánico. Hoy el régimen cubano no tiene a quién vender su retórica, ni a quién extorsionar con su ideología, ni a quién ofrecer la sangre de su pueblo como moneda geopolítica. El mundo ya conoce la farsa.

La propaganda ya no engaña. La épica ya no convence. Y la revolución ya no existe.

Rusia y China han evitado comprometerse con el desastre venezolano. Sus apoyos han sido meramente retóricos. Nadie quiere cargar con el cadáver de un modelo fracasado. Y menos aún después de la advertencia explícita de Washington: el hemisferio occidental no será plataforma de potencias extra continentales.

La dictadura cubana está sola.

Miedo atroz

En los pasillos del poder se respira miedo. Un miedo que no proviene del exterior, sino del interior: del hambre, del colapso económico, del hastío social, del descrédito total. Solo falta el estallido.

En Irán, bastó una chispa. En Cuba, la chispa está encendida desde hace años.

Un estallido hoy sería definitivo. No habría marcha atrás. No habría salvavidas internacional. Y no habría refugio ideológico.

La suerte está echada.

Como advirtió un viejo pensador: “La amenaza suele ser más poderosa que su ejecución.”

El régimen lo sabe. Y también sabe que el tiempo ya no juega a su favor.

Para quienes aún se aferran al poder desde la represión y la mentira, queda una última opción: huir. O prepararse para compartir destino con Nicolás Maduro.

La historia ya tomó partido.

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