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La sede del acto y el retrato perfecto del fracaso revolucionario

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Por Jorge Sotero

Río Cauto.- Que el acto central por el aniversario 67 del triunfo de la Revolución Cubana se celebre en Río Cauto no es un reconocimiento: es una burla. Un municipio en ruinas, sin agua estable, sin alimentos, sin transporte digno y con una pobreza que se palpa en cada calle polvorienta, es elevado ahora a sede de una fiesta política que nada tiene que ver con su realidad. El régimen vuelve a escoger el escenario perfecto para la simulación: donde más miseria hay, más consignas hacen falta.

Según la nota oficial, Río Cauto “cumplió indicadores económicos y productivos”, entre ellos la entrega de carne a la industria y ciertos ingresos. Sería interesante saber a qué costo y para quiénes. Porque mientras se celebran números en un informe, el pueblo sigue sin acceso regular a proteínas, sobreviviendo con arroz contado y con una ganadería que no alimenta ni al propio municipio. Los indicadores se cumplen en papeles; la mesa del río-cautense sigue igual de vacía.

También se habla de “significativos resultados” tras el paso del huracán Melissa y de la recuperación de comunidades como Guamo Viejo y Guamo. Recuperación, en el lenguaje oficial, suele significar parches, promesas y una mano de pintura para la foto. Basta con caminar esas zonas para entender que la catástrofe no fue solo climática, sino estructural: casas que nunca se arreglaron, caminos intransitables y familias que aún esperan ayudas que ya fueron dadas por “concluidas” en los informes provinciales.

El rescate de infraestructuras, la reparación de carreteras y el remozamiento de escuelas y centros culturales suenan bien en la nota, pero no resisten contraste con la vida diaria. Carreteras medio arregladas que vuelven a romperse con la primera lluvia, escuelas sin maestros suficientes y centros culturales que solo se abren cuando hay visita de dirigentes. Para el acto sí habrá electricidad, limpieza y espectáculo artístico; al otro día, volverá la oscuridad y el abandono.

Río Cauto, con su historia larga y su economía basada en la caña, el arroz y la ganadería, es hoy un símbolo del fracaso, no del triunfo. Usarlo como sede de un acto revolucionario no es un honor, es una estrategia cínica: esconder la decadencia detrás de banderas y música patriótica. Mientras el poder se aplaude a sí mismo desde una tarima, el municipio seguirá hundido en la misma realidad de siempre, celebrando aniversarios que ya no significan absolutamente nada para quienes viven allí.

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