Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Adelth Bonne
La Habana.- No sé hasta qué punto los emigrados cubanos son conscientes de que de ellos depende salvar las tradiciones culinarias cubanas, entre muchas otras cosas.
Luego de ver discursos como los de este señor, cada vez estoy más seguro de que los que están allá arriba llevarán al pueblo cubano al punto de comer tierra sin un ápice de compasión.
Hace unos años, Murillo nos sugería desde la Mesa Redonda —a través del conteo de kilocalorías— comer algunas cáscaras. Después nos hablaron de tripas, de avestruces, de curieles y hasta Frei Betto se atrevió a decirnos que las cáscaras de papa se freían.
Cuba sobrevive con inventos culinarios para llenar barrigas. Las nuevas generaciones no conocen los dulces típicos ni los miles de platos tradicionales; o si los conocen, es de forma modificada. Y no modificados por buscar nuevos sabores, sino modificados por la tan pedidia «resistencia».
Detrás de cada discurso de «resistencia creativa» se esconde un invento que nada tiene que ver con la tradición en Cuba. Nos han obligado a modificarlo todo: desde nuestros horarios hasta nuestra comida. Por eso, cuando me vienen con el cuento del colonialismo y el imperialismo, solamente los miro.
Ya sabemos por qué no hay arroz ni papas. Pero aún queda por saber por qué no hay sal, no hay azúcar ¡y ni tan siquiera tenemos agua!