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Por Max Astudillo
La Habana.- Una vez más, el oficialismo cubano decide burlarse de la inteligencia de la gente. Esta vez lo hace con bata blanca, lenguaje técnico y “modelos matemáticos” que, según el diario Granma, predicen un “control total” de la epidemia de arbovirosis a inicios de año. La frase, dicha así, suena linda, académica, tranquilizadora. El problema es que en Cuba los mosquitos no leen modelos matemáticos, ni el pueblo vive dentro de una pizarra universitaria.
El doctor Raúl Guinovart, desde la comodidad de una reunión convocada por Díaz-Canel, asegura que la incidencia ha disminuido, aunque acto seguido admite que varias provincias siguen al alza. O sea, estamos mejor, pero seguimos mal; hay control, pero aún hay epidemia; la curva baja, pero los hospitales siguen llenos. La gimnasia verbal es perfecta, digna de un país donde las estadísticas siempre mejoran… justo cuando la realidad empeora.
El Ministerio de Salud Pública se suma al teatro con números fríos: menos síndromes febriles reportados, menos atenciones, menos alarmas. Pero nadie habla de los hogares infestados de mosquitos, de la basura acumulada, del agua estancada, de los barrios donde la fumigación no aparece hace meses o llega sin insecticida. Reducir casos en una tabla no equivale a controlar una epidemia en un país que vive entre apagones, salideros y abandono sanitario.
Especialmente grotesco resulta el triunfalismo alrededor de las gestantes y los niños, presentados como trofeos estadísticos. Se presume que más del 93 % de las embarazadas están ingresadas, como si hospitalizar masivamente fuera sinónimo de eficiencia y no de prevención fallida. Se habla de “buen pronóstico” y “altas médicas” mientras se calla el miedo cotidiano de miles de madres que viven rezando para que el mosquito no pique donde el Estado no llega.
El colmo es Matanzas, declarada en “canal de éxito”, un término que solo puede nacer en un país donde el lenguaje se usa para maquillar la desgracia. Más de cinco mil pacientes atendidos y un 60 % necesitando rehabilitación no es éxito: es evidencia de un sistema que reacciona tarde y celebra demasiado pronto. En Cuba, las epidemias no se controlan con ciencia politizada ni con reuniones televisadas; se controlan con higiene, recursos y respeto al pueblo. Todo lo demás es propaganda… y de la mala.