Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Ricardo Acostarana ()
La Habana.- Hice una promesa y estuve dispuesto a cumplirla. Mi pedido no se cumplió. No era, tal vez o definitivamente, el momento de salir de Cuba y, de alguna manera, doy gracias por eso. Estoy ahora mismo en el momento y lugar indicado.
Hoy salí a cumplir mi palabra. Tenía que correr el Malecón ida y vuelta sí o sí. Una distancia que jamás había cubierto.
Suelo entrenar solo. A veces los niños me saludan, hacen bromas, juegan a correr un par de metros al lado de uno.
Esta vez, se apareció de la nada un muchacho que me pidió que lo dejara correr a mi lado. Me dijo que llevaba unos 30 minutos practicando, pero que se acercó a mí porque le parecía una buena persona y eso le generó confianza.
Pensé que daría la vuelta o se cansaría al llegar a La Piragua, que era hasta lo más lejos que había llegado corriendo. Le dije que mi entrenamiento de hoy era especial: llegar hasta lo último del Malecón y regresar. El joven, que tiene casi 13 años y cuyo nombre no recuerdo, no titubeó.
Prácticamente no dejamos de correr. Solo un par de veces porque sintió sus piernas algo cansadas. Le dije que, al mínimo síntoma de agotamiento o mareo, parara y me alertara. De alguna manera, estaba bajo mi responsabilidad.
Siempre permaneció estoico. Incluso a punto de llegar a Malecón y B, donde terminaba su carrera y seguía camino a casa. «Voy a seguir hasta la meta. Es un desafío para mí y lo voy a ganar». Touché.

Hablamos mucho durante la carrera:
De regreso, pasando por la oficina de intereses de EE.UU., preguntó si era la bandera española.
«Ellos ya están gorbenando Cuba». Fue su respuesta cuando le dije el país de la bandera. Sonreí y me devolvió la sonrisa.
Tomó mi número. Me dijo que me escribiría para volver a correr juntos. Yo solo pensaba en terminar y entrarle a un helado, un refresco y una pizza. Era mi segundo premio. El primero lo disfruté durante 16 km y casi 20 años de diferencia.
Cumplí mi promesa a La Milagrosa (solo soy devoto de la dulce violencia de la razón del hombre, aunque Dios está presente, aunque no hable de él, con él). Ella, de alguna manera, me acompañó en el trayecto.
Por cierto, a los muchachos de Fuera de la Caja Cuba: quiero una gorra. Quiero mi «Make Cuba Great Again». También los muchachos de #el4rtico seguro quieren la suya.