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La prisión invisible: cuando el miedo te hace más esclavo que las rejas

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Por Eduardo Díaz Delgado ()

Llevamos años explicando que el gobierno de Canel nos está llevando a la más profunda de las miserias. Mírate: cocinando con leña, alumbrones, sin agua; la comida es una odisea, las medicinas ya las buscas directamente en internet, el transporte público no existe, la salud pública y la educación son de las mediocres tirando a malitas del continente… y se descubre que GAESA tiene dinero suficiente para sacar a Cuba de esta crisis. Y tú calladito, para verte más bonito. Viviendo hoy en peores condiciones en tu casa que hace cuatro años en una cárcel.

Ey, no te estoy diciendo que vayas preso; te estoy diciendo que aquello a lo que le temes —que las condiciones se pongan malas de golpe— ya pasó: están malísimas. Y no quiero ser portador de malas noticias, pero se van a poner peor.

Ahora no me digas que el problema es que quieres estar libre y no preso, porque si tú amaras la libertad yo no tendría que escribirte nada. A ti no te interesa eso. Como mismo no te gusta la Sapporo, no sabes qué son ninguna de las dos cosas.

Llevamos años intentando que despiertes, porque creímos que hablarte de moral, de razón, de vergüenza, mientras tenías el refrigerador en crisis y apagones de 4 y 6 horas (ubícate en 2021), era complicado. Difícil que usaras tu tiempo para pensar en algo que, para empezar, tenías que entender bien. Esos conceptos la Revolución los ha deformado más que a la economía.

La peor parte la llevas tú (nosotros)

El punto es que teníamos razón, llevamos años teniendo razón. Tú eres cada vez más pobre y ellos son cada vez más ricos. La peor parte te la llevas tú. Y si no tumbamos “eso”, tu realidad va a ser cada vez peor.

Yo le dije a un amigo hace más de un año que Cuba se iba a volver Corea del Norte si no les llegaba (a ellos) una lluvia de dólares, que iba a ser a propósito y disfrazado de desidia (para el que no entiende: dejadez, abandono y descaro de los dirigentes, también puedes decir). El objetivo es que la gente no tenga tiempo, ni capacidad, ni ganas de darse cuenta de que la están apachurrando, mientras se queja en murmullos de estar siendo apachurrada.

En Pionyang hay luz 5 o 6 horas al día; en el interior del país, 2 o 3 veces por semana. Te estoy dando el dato y diciéndote esto cuando aún puede indignarte. También te recuerdo que, a principios del año pasado, Díaz-Canel y la gente de Corea del Norte andaban más cercanos que nunca, intercambiando viajes y experiencias sin ninguna razón aparente.

Ya llevamos años teniendo razón, y la vamos a seguir teniendo, porque el que está dentro de una nube de humo eres tú. ¿Cuánto más vas a tardar en prestar atención? ¿Cuánto más para empezar a maquinar cómo nos quitamos esto de arriba?

Esto es contigo, no con el pueblo. Tú tienes razones suficientes. Esto es entre tú y yo. Convéncete tú; a mí déjame el resto.

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