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Por Max Astudillo ()

La Habana.- El gobierno cubano ha forjado su leyenda sobre la promesa de lealtad inquebrantable a su pueblo. Sin embargo, un examen detenido de su historia revela un patrón recurrente: la instrumentalización y el posterior abandono de aquellos a quienes dice defender.

Esta traición, que comenzó con los propios comandantes de la Revolución, se ha extendido a internacionalistas, profesionales de la salud y, finalmente, a toda la población de la isla, dejando un reguero de vidas sacrificadas en el altar de un proyecto político que prioriza su propia supervivencia por encima de todo.

El comandante Hubert Matos

La maquinaria de desecho comenzó a funcionar temprano, dirigiéndose contra quienes habían combatido en la Sierra Maestra pero cuyas conciencias críticas representaban una amenaza. La misteriosa desaparición de Camilo Cienfuegos, el «Héroe de Yaguajay», sigue siendo una herida abierta que el oficialismo se niega a esclarecer.

Poco después, Hubert Matos fue condenado a veinte años de cárcel por el «delito» de alertar sobre la creciente influencia comunista, mientras que William Morgan, el estadounidense que luchó por la Revolución, fue ejecutado sumariamente.

El comandante William Morgan

Hasta la figura icónica del Che Guevara fue, en última instancia, expendible, enviado a una misión en Bolivia sin el apoyo logístico suficiente, lo que selló su destino. El mensaje fue claro: la lealtad incondicional al poder central reemplazó a los ideales revolucionarios.

Las guerras prestadas: el abandono de los soldados internacionalistas

El patrón se repitió en los campos de batalla de África. Miles de cubanos fueron enviados a cumplir misiones internacionalistas, y muchos de los que regresaron de conflictos como la guerra de Angola lo hicieron con profundas secuelas psicológicas.

Hoy, décadas después, un número significativo de estos veteranos lucha contra el alcoholismo, problemas de salud mental y el olvido institucional, a menudo sin una pensión digna ni el apoyo estatal que se les prometió. Su sacrificio fue útil para la propaganda de la «solidaridad internacional», pero fueron descartados una vez que dejaron de ser funcionales a ese relato.

Así vive en Cuba un hombre que peleó en la guerra de Angola

La desidia del gobierno hacia sus ciudadanos en el extranjero tiene un antecedente escalofriante y menos conocido: el caso de Orlando Cardoso Villavicencio. Este militar cubano fue capturado en 1978 durante una misión en el Ogadén etíope y permaneció como prisionero en Somalia durante más de once años.

Durante ese tiempo, el gobierno cubano, que en ese mismo periodo formaba a estudiantes somalíes en sus escuelas militares, hizo poco -o nada- por lograr su repatriación. Este abandono prolongado estableció un peligroso precedente de cuán dispensable puede ser una vida humana para la cúpula gobernante.

Médicos en ventaja: el secuestro de Landy Rodríguez y Assel Herrera

El caso más reciente y emblemático de esta política de abandono es el de los doctores Landy Rodríguez Hernández y Assel Herrera Correa. Secuestrados en 2019 en Kenia por el grupo terrorista Al-Shabaab, los galenos fueron abandonados a su suerte durante años.

Los médicos Landy y Assel

Sus captores llegaron a exigir un rescate de 1,5 millones de dólares, una suma que el gobierno cubano se negó a pagar. Mientras la prensa oficial ignoraba su calvario, las familias de los médicos sufrían en silencio una agonía que se extendió por 56 meses, sin que la diplomacia cubana lograra su liberación.

En 2024, se difundió la noticia de su presunta muerte en un ataque con drones, una tragedia que pudo haberse evitado y que evidencia que las vidas de estos profesionales, explotadas por su valor económico en las misiones internacionales, son moneda de cambio en una geopolítica despiadada. Aún así, la cúpula castrocomunista sigue sin admitir la muerte de ambos. Y eso que hasta fotos se han publicado.

El abandono final: un pueblo entero traicionado

La traición, que comenzó con comandantes y se extendió a soldados y médicos, ha alcanzado su expresión máxima con el abandono del pueblo cubano en su conjunto. Hoy, los ciudadanos enfrentan una crisis sanitaria catastrófica con epidemias de dengue, chikungunya y oropouche, un sistema de salud colapsado y una escasez crítica de medicamentos que afecta al 70% del cuadro básico.

Los boxeadores Ariel Hernández, Idel Torriente y Félix Lemus se quejan de su abandono

La infraestructura hospitalaria se cae a pedazos, mientras el gobierno autoriza el uso de medicamentos vencidos como medida desesperada, y en las farmacias no se encuentra nada para enfrentar los virus. Esta es la culminación lógica de un sistema que ha usado a su gente como recurso y la ha descartado cuando ya no le fue útil.

Una imagen del abandono generalizado

Desde la cima del poder hasta el ciudadano de a pie, el gobierno cubano ha operado bajo una lógica implacable de uso y desecho. Los héroes de ayer, los soldados de las guerras lejanas, los médicos de las misiones y ahora todo un pueblo, han sido eslabones en una misma cadena de instrumentalización y abandono.

La promesa revolucionaria de lealtad se ha revelado, a lo largo de seis décadas, como una farsa cruel. La deuda histórica con sus propios hijos es impagable, y la factura, cargada de dolor y despojo, la está pagando una nación entera.

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