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Por El Estado como tal

La Habana.- ¿Pudiera la actual ruina económica llevar directamente a una crisis terminal del sistema político en Cuba, o tendría mayor peso la acumulación de decisiones políticas desatinadas? La pregunta pudiera ser relevante porque hoy concurren ambos procesos.

Las explicaciones “económicas” son generalmente incompletas. Frente a los graves problemas económicos las sociedades raramente se desintegran, incluyendo su sistema político, porque usualmente se generan procesos de mitigación, supervivencia y adaptación.

Sin embargo, la acumulación de serios errores políticos puede tener un efecto directo en erosionar severamente un sistema político antes de que sea posible “perfeccionarlo”. Existen interpretaciones de ese tipo sobre la fase terminal del comunismo en la URSS y Europa del Este.

¿Encajarían en ese tipo de decisiones políticas fatales una desacertada selección de posiciones claves de la “clase política”, el fracasado “ordenamiento”, las incongruentes “correcciones”, y la “normalización” de exacerbadas desigualdades?

La legitimación básica del sistema político cubano es de tipo ideológico: la tesis marxista de que el socialismo sería más eficiente que el capitalismo. Pero, la política económica que hoy se hace en Cuba indica que la fe en esa tesis se ha resquebrajado.

Cuando para hacer política económica se prioriza contrapesar intereses políticos y premisas ideológicas en medio de legitimidad erosionada, descuidando la racionalidad económica, la crisis económica es síntoma y catalizador, pero no causa raigal de la inestabilidad y fracaso.

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