Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

John Lennon tuvo dos hijos. Y dos formas muy distintas de ejercer la paternidad.
El primero fue Julian Lennon, nacido en 1963, cuando los Beatles estaban en pleno ascenso y el mundo parecía girar alrededor de su padre. Su madre fue Cynthia Powell, la primera esposa de John, con quien compartió los años iniciales de la fama.
Julian creció entre giras, estudios de grabación y ausencias. Tenía apenas cinco años cuando John se marchó de casa. Más tarde, Lennon llegó a decir que Julian había sido “un accidente”, fruto de una noche de alcohol. No fue una frase pensada para un niño, pero quedó ahí, flotando como una sombra difícil de borrar.
Julian pasó gran parte de su infancia viendo a su padre desde lejos, convertido en mito para el mundo y en silencio para él.
Años después, John formó una nueva vida con Yoko Ono. En 1975 nació Sean Lennon, y algo cambió. John se retiró de la música, se quedó en casa y habló de la paternidad con un entusiasmo que nunca había mostrado antes. En más de una ocasión se refirió a Sean como su “primer hijo”, queriendo decir que era el primero que realmente había deseado criar.
La diferencia fue evidente. Y también dolorosa.
Julian no solo tuvo que convivir con la ausencia, sino con la comparación. Con la idea implícita de que uno había sido un error y el otro, una elección consciente. No es casual que Julian haya dicho en más de una ocasión que esa historia influyó en su decisión de no tener hijos.
Esta no es una historia para destruir ídolos, sino para recordarlos completos. John Lennon fue un genio creativo, una voz generacional, un símbolo de paz. Pero también fue un padre desigual, marcado por sus propias heridas y contradicciones.
A veces, incluso quienes predican amor universal fallan en el más cercano. Y esa herida, aunque no salga en los discos, también forma parte de la historia.