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Por Luis Alberto Ramírez
Miami.- Las recientes declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum confirman una línea de continuidad que genera más preguntas que respuestas. México, afirmó, seguirá suministrando petróleo a Cuba porque se trata de una “decisión soberana”, tomada dentro de un “marco legal” y como parte de una tradición histórica de apoyos. La frase, pronunciada en Las Mañaneras y replicada por varios medios, suena firme en lo político; sin embargo, es frágil en lo administrativo y preocupante en lo ético.
El problema no es solo qué se hace, sino cómo se hace y a qué costo. Sobre este último punto, el silencio es ensordecedor. No hay cifras claras sobre precios, condiciones de entrega ni esquemas de pago. De hecho, en septiembre, PEMEX se negó a entregar a El Universal los comprobantes de pago por los envíos de crudo y derivados a la isla desde julio de 2023. La opacidad alimenta la sospecha: ¿se trata de ventas comerciales, créditos blandos o, en la práctica, donaciones encubiertas?
Ante la falta de transparencia, la presidenta recurrió a un argumento conocido: el del precedente. Recordó que durante el mandato de Enrique Peña Nieto se condonó el 60 % de la deuda de La Habana con Bancomext. El mensaje implícito es claro: si antes se perdonó deuda, hoy no debería escandalizar que se entregue petróleo en condiciones ventajosas. Pero un precedente no justifica una práctica, y menos cuando los montos actuales parecen escalar a niveles inéditos.
Una investigación del proyecto Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) añade datos que refuerzan las dudas. Según sus hallazgos, los envíos de petróleo mexicano subsidiado a Cuba bajo el gobierno de Sheinbaum, entre mayo y agosto, triplicaron los realizados por su predecesor y mentor, Andrés Manuel López Obrador, en sus últimos dos años de mandato. Más aún: el valor de los hidrocarburos enviados en esos cuatro meses superaría los 3.000 millones de dólares, equivalentes a cerca de 60.000 millones de pesos, de acuerdo con registros de comercio exterior consultados por MCCI. ¿Qué coño hacen en Cuba con tanto combustible? Porque eso sobra para darle electricidad a toda la Isla por un año…
Mientras en México se habla de austeridad, recortes y disciplina fiscal, hacia el exterior fluye un apoyo energético masivo sin rendición de cuentas pública. Y el principal beneficiario no es la ciudadanía cubana, sino el régimen de La Habana, que vuelve a encontrar una tabla de salvación cada vez que la marea económica sube.
Hay, además, una lectura ideológica imposible de ignorar. La izquierda latinoamericana demuestra una solidaridad férrea cuando se trata de sostener a gobiernos afines, incluso a costa de sacrificar transparencia y coherencia interna. Como ironizan algunos críticos, si la derecha internacional actuara con la misma disciplina y lealtad, hace tiempo habría inclinado el tablero político global. Pero aquí no se trata de derechas o izquierdas: se trata de responsabilidad pública.
En definitiva, la pregunta central permanece sin respuesta: ¿por qué un país con necesidades internas apremiantes asume el costo, visible u oculto, de sostener energéticamente a una dictadura? Mientras no haya claridad sobre precios, contratos y pagos, la apelación a la “soberanía” suena más a coartada que a argumento. Y, como tantas veces antes, el régimen cubano vuelve a flotar gracias al auxilio externo, sin reformarse ni rendir cuentas, esperando la próxima mano amiga cuando la marea vuelva a subir.